Una alternativa para Bankia

Hace tan sólo dos semanas escribía Bankeros por obligación, artículo en el cual trataba de esclarecer conceptos entorno a la nacionalización de Bankia, el porqué y los errores que se cometieron de entrada para llegar a una situación tan sumamente degradada para la entidad. Esta semana nos hemos enterado, tal y como preveíamos, que tras la nacionalización, la cantidad de dinero que haría falta inyectar en dicho banco superaría con creces la establecida inicialmente por el Gobierno del Sr. Rajoy. Al final, la factura que los contribuyentes españoles se verán obligados a pagar rondará los 23.500 millones de euros. La inyección se hará en forma de capital y mediante deuda pública, por tanto no computará directamente como déficit para el Estado. Sin embargo, la tarea que se le ha encargado al Sr. Gorigolzarri, nuevo presidente de Bankia, no es otra que la de darle valor a estos 23.500 millones, algo que bien se podría definir como una tarea digna de superhéroes. En los siguientes párrafos trataremos de exponer una opción alternativa  para Bankia, una opción que no afectaría a los bolsillos de todos los españoles.

La opción alternativa que no afectaría a los contribuyentes pasa por transformar parte del pasivo de Bankia en capital propio de la entidad, técnica recomendada por el propio FMI (conocido como bail-in).

El primer paso para poder realizar tal acción sería reduciendo a cero el valor de las actuales acciones de Bankia. Acto seguido se procedería a la conversión de deuda privada a capital propio de la entidad. Este paso es el clave y como tal cabe recordar que sería necesario establecer unas pautas para dicha conversión. La deuda que debería ser convertida a capital tendría que seguir un orden jerárquico, de forma que sería la deuda no garantizada y la de mayor plazo temporal la que se transformará a capital propio, salvaguardando a la deuda garantizada y a la de a más corto plazo. Una posible conversión sería la siguiente:

  • 15.000 millones de euros del pasivo subordinado de la entidad, representan el 100% de esta clase de pasivo.
  • 6.550 millones procedentes de bonos que vencen entre 2017 y 2050, representan el 30% de esta clase de pasivo.
  • 1.950 millones procedentes de bonos que vencen entre 2014 y 2017, representan el 10% representan de esta clase de pasivo. (1)

Si se fijan en los números se darán cuenta que de esta forma lograríamos hacer aflorar la misma cantidad que el Gobierno pretende inyectar en Bankia, los famosos 23.500 millones de euros. Por supuesto existirían otras opciones de conversión de deuda a capital, pero la clave de tal conversión residiría en el hecho que se mantuvieran unos criterios que respetaran el riesgo asumido por los acreedores y el plazo al cual se prestó el dinero a la entidad.

Tras la descripción y demostración que la nacionalización de Bankia no era la única opción posible, que es lo que el Gobierno trata de hacer creer a los ciudadanos, intentaré describir qué ventajas representa esta opción en lugar de la nacionalización.

Primero de todo, y posiblemente este sea el aspecto más importante, está el hecho que la capitalización privada de deuda no afecta a los contribuyentes españoles, dado que el Gobierno no se ve obligado a inyectar capital en la entidad, de forma que los afectados son los accionistas de la entidad y los acreedores que cometieron el error de prestar su dinero a la entidad. Tal y como he comentado previamente, es clave respetar un orden jerárquico en la capitalización de la deuda, de modo que sean los acreedores que asumieron más riesgo los que sean penalizados en mayor cuantía.  Otra ventaja muy relacionada con esta es que la deuda de España no aumentaría, dato muy importante debido a que las finanzas del Estado Español ya están suficientemente degradadas.

Otro gran avance sería que se lograría un doble efecto de desapalancamiento, dado que la conversión de deuda en capital propio de la entidad supondría una reducción de la deuda y un aumento del patrimonio neto de la entidad, pero además tendría un efecto positivo en la economía española en general, ya que el Gobierno no se vería obligado a emitir más deuda para recapitalizar Bankia, por lo que estaríamos evitando una transmisión de riqueza de los contribuyentes a los inversores y acreedores de la entidad.

Además, con la conversión de deuda a capital se lograría otro deseable efecto, el de mantener la gestión privada de la entidad, los acreedores, así que serían estos, sus legítimos propietarios, los encargados de decidir cual debe ser el rumbo que tiene que tomar la entidad a partir de este punto.

Antes de terminar, es preciso añadir que como toda alternativa tiene sus contras. Trataré de exponerlas para que puedan juzgar con pleno conocimiento qué opción era preferible.

El primer problema es que haría falta un cambio en el marco legal; actualmente en España no existe mecanismo alguno para convertir deuda subordinada a capital propio de la entidad. Así que haría falta crear tal mecanismo para proceder con la capitalización de deuda privada. No creo que éste sea un gran problema, dado que desde principios de la crisis se han creado muchas leyes para tratar de combatirla, la mayoría de ellas contraproducentes, de tal forma que este escollo se podría ver fácilmente superado.

El segundo gran problema sería si la entidad después de la recapitalización forzosa sería capaz de captar dinero de inversores. Mucha gente tiende a pensar que no. Mi opinión es que si el proceso de recapitalización se ha diseñado correctamente y clarificando la situación patrimonial de la entidad, se puede lograr. Cabe recordar que muchos inversores siguen comprando productos de un riesgo similar o incluso superior. Además, esta alternativa obligaría a la banca a trabajar con más resiliencia y disciplina a la vez que reduciría el riesgo moral porqué romperíamos el mito que las entidades sistémicas siempre serán rescatadas por el Gobierno.

Finalmente, otro inconveniente más complicado de salvar: con la capitalización de deuda privada se está perjudicando a los futuros bancos deudores, ya que muy posiblemente estos van a sufrir unos tipos de interés más altos cuando traten de financiarse, dado que los acreedores conocedores del precedente y del riesgo que supone prestar su dinero van a pedir unos tipos más altos para ver recompensado su mayor riesgo.

Por tanto, está que todas las opciones tienen sus pros y sus contras, pero creo que ésta ofrece una poderosa alternativa para recapitalizar instituciones financieras utilizando el dinero de los acreedores y no el dinero de todos los contribuyentes. No cabe la duda que haría faltar cambiar muchas mentalidades para lograr que se adoptará este mecanismo, pero ¿no creen que valdría la pena luchar por ello? Nos jugamos nuestro dinero.

(1) La propuesta de conversión ha sido elaborada por el profesor Juan Ramón Rallo.

*Mi agradecimiento a Albert Rimbau (https://twitter.com/#!/albertrimbau) por contribuir en el artículo.


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