El Día de Europa

Los hechos son tozudos, clarividentes e innegables. Cinco años de crisis severa y la luz al final del túnel no había parecido nunca tan lejana. Media Europa en recesión y las cifras no parecen en absoluto alentadoras. Se habla de depresión. Pero…muchos, sin ánimos de seguir siendo pesimistas, afirman que la llegada de la izquierda francesa al poder encarna una posible esperanza de poder reconducir Europa hacia un camino más próspero que no acabe en el fracaso más rotundo.

No es casualidad que las elecciones francesas del pasado domingo fueran ampliamente seguidas en todo el continente. Detrás de la enorme expectativa se escondían anhelos de cambio de famílias, empresarios, trabajadores y estudiantes europeos, que desean, desde hace tiempo, ver a Europa soltándose las cadenas impuestas por Merkozy y escapando decidida hacia nuevos mundos con sendas de crecimiento.

La austeridad sin matices ha resultado ser un camino sin salida, y sus defensores caen como las moscas. Con la victoria de Hollande, Mariano Rajoy se queda sólo en el continente en esta apología férrea a la estabilidad fiscal, aunque es de suponer que si Merkel afloja, como todo fiel peón  él también lo hará.

Con los meses se ha hecho patente que un cambio es necesario. La crisis no es sólo económica. Se trata de una crisis de confianza y de identidad. Y es que la crisis financiera está derivando en factores mucho más temibles para la integridad de la Unión.

La crisis ha creado un tsunami político, arrastra a todos los gobiernos consigo. A los ciudadanos de a pie les cuesta creer en nadie capaz de liderar como cabría esperar, siendo así más sencillo dejarse arrastrar por discursos extremistas de grupos radicales que muy dudablemente en otra coyuntura conseguirían resultados electorales similares.

La crisis de personalidad que sufren los países lleva a sus respectivos gobernantes a adoptar descomedidamente y bajo el disfraz de debates entre la antipática austeridad o el más enrollado crecimiento, actitudes patrióticas. Me explico. Si Frau Merkel  ha defendido a ultranza la estabilidad fiscal no ha sido por convicción neoconservadora, ni tampoco porque crea que dicha solución nos sacará, a España incluida, de la profunda espiral negativa. Si lo hace es causa de la irresistible tentación nacionalista de querer evitar que una crisis del euro exija un sobreesfuerzo a Alemania, inasumible según sus compatriotas contribuyentes.

Estas dos tendencias ponen en jaque a la UE como hasta ahora la veníamos entendiendo, y constituyen una amenaza aún mayor que ciertos desequilibrios contables.

Para curar a una Europa herida, a la cual  la crisis financiera sorprendió con una moneda única en pleno proceso de construcción, es imperativo restablecer un clima de cooperación en el que todas las voces sean legítimamente escuchadas,  una unión todos los miembros de la cual tengan un firme compromiso para alcanzar acuerdos beneficiosos para el conjunto. Y es aquí donde Hollande puede ser determinante.

El presidente electo llega al Elíseo con ganas de reequilibrar los poderes en el viejo continente y de introducir de manera definitiva la idea del crecimiento, la cual lleva años coqueteando con los parlamentarios en Bruselas pero aún no ha dado el paso para convertirse en una realidad plasmada en pactos y tratados.

Conviene no tener, sin embargo, excesivas expectativas. A nadie le gustaría asistir a un déjà vu, observada la decepción que ha significado la administración Obama. Además Hollande podría cometer el mismo error que enredó a François Miterrand en los 80; el de embarcarse en inoportunas políticas de gasto social con tensiones financieras insoportables como consecuencia.

Y es que -no nos engañemos, amigos- la disciplina fiscal sigue siendo una prioridad, ya que todos los límites de gasto y endeudamiento -públicos y privados- fueron hace tiempo superados….¡Sí! La fiesta y el café para todos. ¿Se acuerdan? Ése tiempo memorable ya pasó y ahora toca ser humildes, trabajar y ahorrar.  Pero es fundamental un cambio en el cómo se está haciendo.

El New York Times se expresaba sin tapujos hace pocos días:


España podría ser la próxima economía europea hundida por la mala gestión alemana de la Eurozona. No tendría porque ocurrir, pero con seguridad ocurrirá a menos que la canciller alemana Angela Merkel y sus aliados dentro y fuera de Alemania reconozcan que ningún país puede saldar sus deudas si se le ahoga económicamente.”

Lo sabe el NYT y lo sabe Alemania, que en los años 90 tras la reunificación sufrió un descalabro considerable y apostó por políticas expansivas. ¡Pero lo sabe un estudiante de macroeconomía elemental! Si para disminuir la deuda, por ejemplo, se recortan  inversiones en los territorios con más potencial, la ratio Deuda/PIB permancerá intacta, ya que probablemente la deuda será menor, pero el output o producto, el valor añadido del país también habrá decrecido, hipotecando cruel e irrevocablemente el futuro a medio y largo plazo.

Se acabó la credibilidad de la austeridad sin letra pequeña, y ha llegado el momento de aceptar que un plan B es necesario. Un plan B que incluya contención fiscal y monetaria, pero también reformas estructurales que saneen el sector público y sus excesos. Una hoja de ruta que quiera erradicar los productos financieros irresponsables cuyos diseñadores ni siquiera entienden, que considere una revisión de la eficiencia de la PAC, que focalice en la crisis de competitividad, en la que la compra de deuda soberana deje de ser un tabú y que elimine la imperante visión corto-placista, que lleva ineludiblemente a tomar decisiones erróneas basadas en demandas populistas y miopes.

Un plan B que acepte que la falta de flexibilidad está desintegrando progresivamente la cohesión de la UE. Una UE que debe ser fuerte con Alemania, pero que no debe ser como Alemania ni debe ser para Alemania.

El dicho popular catalán “qui paga mana” es del todo representativo, y sin ser ingenuos, es necesario que exista un lider que lleve la batuta. Pero Frau Merkel parece haber olvidado que nadie la eligió para gobernar en Europa, y que por mucho que ella lo niegue, cada vez son menos sus sus apoyos políticos.

Cabe decir además que desde el Parlamento y la Comisión llegan vibraciones positivas, ya que parece que ellos también tienen ganas de aflojar un poco las cadenas. Y en breves se celebrará una cumbre especial para el crecimiento….

“¡No hay dinero!”-.Tantas veces hemos oído esta afirmación… No es noticia para nadie que las arcas de varios estados europeos se encuentran arrasadas, con mucho polvo y poco oro. Es por tanto fundamental que el presupuesto de la UE, el cual potencia el crecimiento y crea empleo, actúe como palanca que reactive la inversión y haga posibles economías de escala. Deben explotarse los fondos del Banco Europeo de Inversión, el cual debería tener, desde ahora, un papel mucho más activo en la gestión de la crisis.

Así pues, no cabe esperar en Hollande a un Mesías salvador. Los retos son de dimensiones insospechadas y el contexto en el que nos movemos históricamente oscuro económicamente hablando. Se permite, eso sí, ser optimista al respecto. Ilusión que no falte.

Hollande deberá hacer frente a negociaciones muy duras con la impasible Angela, para tratar de conseguir rebajar su ambición y dotar de un poco más de coherencia a las políticas de ajuste. Para ser el artífice de una reconstrucción europea Hollande habrá de ser un seductor mandatario, determinado, y un hábil estratega. Todo y más será necesario con tal de evitar que se produzca el fatídico choque de trenes en el corazón de Europa que algunos vienen  anunciando.

El 9 de mayo es el Día de Europa, en el cual se conmemora la firma de la Declaración Schuman, en la cual el ministro de exteriores francés Schuman dio un importantísimo paso al frente para la normalización de las relaciones con Alemania en 1950, tras las enormes tensiones desatadas en la Segunda Guerra Mundial.  Es paradójico, como mínimo, que 62 años después Europa vuelva a estar en vilo por las relaciones entre estas dos grandes naciones.

No obstante, euro-escepticismos aparte, en un 9 de mayo, y con Hollande como Presidente electo, hay lugar para la esperanza.

Porque no es una cuestión de derechas ni de izquierdas. Es cuestión de si verdaderamente se quiere ser una Europa fuerte y decidida que, de una vez por todas, dé un golpe sobre la mesa del mundo.

0 thoughts on “El Día de Europa

  1. Desde mi punto de vista el debate entre crecimiento o austeridad es completamente estéril porque no existe tal dicotomía.
    No hay opción a aumentar el gasto público de gobiernos ya fuertemente endeudados porqué nadie está dispuesto a prestarles, es por tanto una obligación la reducción del déficit mediante una reducción brutal del gasto público.
    Estoy de acuerdo en que las medidas restrictivas por si solas no ayudan a la reducción del ratio deuda/PIB, pero no será mediante más gasto público que se volverá a la senda del crecimiento sino a través de que los gobiernos permitan a las empresas crecer dándoles un marco favorable en el que trabajar. Es por tanto necesaria una reducción de impuestos que favorezca la inversión y amplias reformas en pro de la productividad.

  2. Com ja he dit a l’article, la despesa pública no és la solució, en absolut, crec que ho he deixat ben clar que no es poden cometre els errors de Miterrand als anys 80. Pel que fa a establir un marc favorable per a les empreses, ja ho vaig defensar al meu article http://pompeunomics.wordpress.com/2012/02/14/reforma-laboral-una-oportunitat-per-a-que-en-ocupacio-res-segueixi-igual/
    Ningú ha dit que no sigui necessari reduir el dèficit, és evident que cal estabilitzar els comptes, sinó que una reducció enorme de la despesa en ella mateixa ofega les economies i les impossibilita a poder créixer, el qual les estanca encara més i més.
    Respecte a baixar els impostos, ho dubto, ens agradi o no en temps de crisi i quan no hi ha diners és just que el sistema fiscal sigui progressiu i que els que més tenen fagin esforços més grans per tal d’aixecar la societat.
    Gràcies pel teu comentari!

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