Stop desahucios

Las portadas de los periódicos han llenado los desayunos de toda España con otro drama. Portada, gran titular, y una palabra, que llena de pavor el alma de todo ser humano: suicidio. El suicidio asusta, porque le pone a uno en frente de la tragedia de valorar tan poco la propia vida, que la desprecia con la muerte. ¿Cómo puede un hombre, o una mujer, verse abocado a quitarse la propia vida? Es el miedo a verse en la calle, el miedo oculto que todos intentamos silenciar cuando vemos a alguien en la calle, el miedo pensar que me puede pasar a mí, el miedo que nace del fondo del corazón a no tener nada.

España encoleriza. ¿Cómo pueden ser los bancos tan poco humanos? ¿Cómo pueden los políticos permitir que esto ocurra, aquí, a dos manzanas de mi casa? ¿Cómo puede mirar hacia otro lado la sociedad? La sociedad es el ente que sirve para repartir la culpa entre todos, y acallar así la conciencia individual, que poco a poco se le arronca la voz de tanto chillar, ¡de clamar! Frente a las injusticias que se suceden.

La reacción de la clase política no se hizo esperar. “Reformaremos la ley, evitaremos, a base de Real Decreto, o Ley Orgánica si es preciso, que esto vuelva a ocurrir” Escepticismo, las voces esperan a ver cómo se desarrolla la partida.

Pero nuestra conciencia todavía no puede callar. Hay algo que no encaja. ¿Cómo que evitaremos por ley que esto ocurra? Yo no pido eso a los políticos. Prefiero que se pregunten por la educación que han recibido esas personas que ejecutaron las hipotecas.

La Asociación Bancaria ya ha prometido que no ejecutará las hipotecas en los casos más extremos. ¡Hombre, al menos tienen corazón! No es justo tampoco criticarlos, ellos solo hacían lo que tenían que hacer.

El drama hace cambiar las leyes. El derecho se escribe con sangre, y sus víctimas no viven para ver sus victorias.

No es tan fácil cambiar la ley. Las hipotecas, y los créditos en general, se encuentran dentro del ámbito del derecho civil. Éste se basa en el famoso Código de 1888, inspirado en gran medida en el Codè Civile napoleónico. Lleva ya mucho tiempo funcionando, y se ha establecido un sistema, un modo de hacer, a base de reformas, jurisprudencia e interpretaciones. Es el sistema jurídico más antiguo de nuestro país.

Sea como fuere, el sistema Civil español separa lo que viene siendo el crédito de la garantía del mismo. En cristiano, una cosa es lo que debes y otra es lo que pones de garantía en el caso de no poder pagar. Y tiene su motivación: la idea es proteger al acreedor frente al deudor. Y es lógico, y así es en la mayoría de países de nuestro ámbito cercano, ya que si el acreedor no tiene todas consigo de que recuperará su dinero, no lo prestará. Y, sin crédito, no hay inversión, y sin inversión, la economía se estanca. Por eso se establece así nuestro sistema.

Cuando los políticos salen a la rueda de prensa, y prometen cambiar las leyes, o no saben de qué hablan, o realizan brindis al sol para salir guapos en la foto con pretensiones electoralistas. No se puede cambiar un sistema como quien queda con unos amigos a tomar una cerveza a la salida del trabajo. Por ejemplo, llevan casi diez años reformando el Código de Comercio.

No se puede legislar con la técnica “cortafuegos” a la que tanto nos estamos malacostumbrando. Hay que hacer las leyes con vistas al futuro del país. Y tampoco podemos caer en la regularización de todo: hay que trabajar para que las personas privadas, con iniciativa personal, tomen las decisiones adecuadas. Leyes con visión de futuro, para que la sociedad que educamos hoy pueda tomar decisiones correctas mañana.

Decía Oliver W. Holmes que “el derecho es la vida, y la vida cambia”. De esta máxima se pueden desprender dos opciones: una, la técnica “cortafuegos”, ir dictando y derogando leyes según los problemas concretos; o la otra, la de hacer buenas leyes. Porque una ley no es sino un principio general que se puede aplicar a todos los casos particulares. Las leyes no tienen que escribirse con sangre, sino que tiene que ser lo que evite esa sangre, esos desahucios, esos suicidios.

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