Sobre la vida y el trabajo

Desde los inicios de la presente crisis económica hasta la actualidad, las élites gubernamentales y sus círculos de influencia han utilizado recurrentemente un eslogan evasivo de cualquier responsabilidad política que dice así: “han vivido ustedes por encima de sus posibilidades”. ¿Qué posibilidades? Os habréis preguntado muchos de vosotros. Sean cuales y cuantas sean vuestras posibilidades, este argumento ha legitimado incisivas medidas de congelación o bajadas de pensiones, así como alarmantes disminuciones de sueldos tanto del sector público como privado, subsidios o prestaciones sociales. Se trata de una premisa básica que culpa a la ciudadanía e impulsa las políticas de austeridad, hay que apretarse el cinturón porque se nos acusa de haberlo llevado desabrochado durante demasiado tiempo y los excesos, tarde o temprano, se acaban pagando. ¿Qué excesos? Os habréis vuelto a preguntar muchos de vosotros.

La crisis inmobiliaria y económica ha lapidado el espejismo de la victoria de la clase obrera, donde todo el mundo era propietario, donde el albañil tenía el mismo coche que el constructor. Si queréis un consejo, haced caso a Stephen Hessel, ¡Indignaos! por esta acusación evasiva y luego ¡Comprometeos! con un criterio de igualdad de posibilidades, justo y eficiente, que haga referencia tanto a la vida personal como profesional. Tal y como dice José Luis Sampedro en su prólogo, “¡INDIGNAOS! Luchad, para salvar los logros democráticos basados en valores éticos, de justicia y libertad prometidos tras la dolorosa lección de la segunda guerra mundial. Para distinguir entre opinión pública y opinión mediática, para no sucumbir al engaño propagandístico”[1].

Del engaño político y propagandístico de vivir por encima de nuestras posibilidades a la realidad económica más inmediata de trabajar por debajo de ellas. Según datos difundidos a mediados de junio del presente año por el Instituto Nacional de Estadística mediante la Encuesta de Población Activa (EPA)[2], un 47,51% de los trabajadores en España, es decir, prácticamente la mitad de los asalariados considera que emplea un trabajo por debajo de su formación, experiencia y  capacitación. Dicha situación afectaría a 7,1 millones de personas, con una franja de edad entre 16 y 64 años, que actualmente ocupan un puesto de trabajo. Más concretamente, en base a una distinción de nacionalidad y dentro del porcentaje anteriormente mencionado, existe un 51,1% de inmigrantes frente a un 46,9% de ocupados nacidos en España que se sienten empleados por debajo de la cualificación que realmente tienen.

Según la periodista económica Alicia Rodríguez de Paz, “los desajustes van desde la muy baja formación de un colectivo importante de trabajadores-que engrosan en mayor medida las abultadas estadísticas del paro- a la sobrecualificación padecida por aquellos que tienen un nivel educativo más alto que el puesto ocupado.”[3] Sin profundizar en el colectivo de baja formación, se trata de una serie de desequilibrios entre el sistema educativo y el mercado laboral que han desencadenado una oleada de denominados infraempleados. Sin embargo, dentro de este conjunto de infraempleados, no todas las sobrecualificaciones derivan en las mismas consecuencias. En referencia a esto, el sociólogo Jacobo Muñoz Comet, experto en mercado laboral, añade que “una de las principales consecuencias de la sobrecualificación, en contextos económicos estables, es no promocionar, arrastrar salarios bajos y contratos temporales, rotación; mientras que en tiempos de crisis, están más expuestos a perder el empleo.”

En el caso de un recién graduado, puede internalizar, desde un buen comienzo, los costes de su carrera profesional mediante un trabajo temporal con remuneración mínima (o directamente sin cobrar), o bien, puede buscar un empleo precario donde sí reciba una remuneración pero que sin embargo, no exista vínculo alguno con su carrera profesional. Mientras que el primero ejemplifica la experiencia acumulada del bienestar, el segundo muestra la trayectoria de los rendimientos inmediatos por necesidad. Y sin embargo, aunque ambos graduados habrán partido de una misma carrera universitaria, sus destinos profesionales conllevarán una enorme desigualdad laboral. Para muchos es conocido el fenómeno viral que generó Benjamín Serra con su tweet: “Tengo dos carreras y un máster y limpio WCs” publicado el 27 de septiembre de 2013. Su caso se convirtió en trending topic y ocupó titulares de medios de comunicación de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. Con tan solo un tweet surgido de la frustración e impotencia de verse empleado por debajo de su formación, experiencia y capacitación, recibió algunas críticas pero sobretodo consiguió despertar la indignación y el compromiso de una generación de infraempleados.

En mi opinión, no es que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades sino que nunca se nos ha dado a escoger con qué posibilidades vivir. Vivimos con lo que podemos y cómo podemos. Intentamos luchar, paso a paso, para seguir adelante y labrarnos una vida digna, aprovechando cualquier oportunidad que se nos brinda y sin embargo, chocamos contra un discurso hermético y evasivo que nos culpa de vivir como lo hacemos. A falta de oportunidades laborales, multitud de posibilidades vitales. Y no satisfechos con ello, pasamos de vivir por encima de nuestras posibilidades a trabajar por debajo de ellas. ¡Indignaos y comprometeos! De la vida al trabajo y del trabajo a la vida, todo es cuestión de posibilidades. Así pues, simpatizando con la causa de Nelson Mandela, “mi ideal más querido es el de una sociedad libre y democrática en la que todos podamos vivir en armonía y con iguales posibilidades.”

[1] Prólogo de José Luis Sampedro en ¡Indignaos! de Stephen Hessel

[2] Encuesta de Población Activa. Módulo sobre situación laboral de los inmigrantes. Valoración subjetiva para desarrollar tareas de mayor cualificación.

[3] Artículo “Infraempleados” de Alicia Rodríguez de Paz publicado en la Vanguardia (14/07/2015)

Víctor Costa, estudiante de Tercero de Economía, miembro de Post-Crash Barcelona y actualmente, periodista en prácticas de la Sección de Economía de La Vanguardia

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