Sin tiempo que perder: La empresa como motor de una sociedad más justa

empresasociosEs algo bastante habitual que en los bares de algunas universidades españolas los estudiantes hablen de la empresa como si ésta fuera un mal de la sociedad al cual hay que aniquilar. Lo más paradójico es que a menudo, los estudiantes que hablan así sobre las empresas son miembros de las facultades de Economía y Empresa que se encuentran cursando estudios de Economía o ADE. El juicio que muchos tienen sobre la empresa actualmente, sobretodo en los países avanzados que se han visto azotados por la crisis económica, es realmente crítico. Se habla, circunstancialmente, de la codicia de los directivos, de cómo de irresponsable ha sido en los últimos años la gestión del riesgo, del oportunismo, la falta de transparencia, la toma de decisiones poco éticas o los innumerables errores de estrategia. Otras veces, se profundiza alegando razones de más fondo, como por ejemplo la de que la empresa busca maximizar el beneficio de sus accionistas en el corto plazo, lo cual se estima perjudicial para el conjunto de toda la sociedad.

No escribo el post de hoy, aviso a navegantes, para negar que se hayan cometido muchos errores que han conducido inexorablemente a una pérdida enorme de reputación de la figura del alto empresario. Sin embargo, creo firmemente que es de justicia reivindicar variados aspectos muy admirables de lo que ha sido -y debe ser, hoy más que nunca- la empresa moderna.

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Decía Giovanni Agnelli, el que fuera CEO de la Fiat, que una empresa es una comunidad de personas con intereses, ilusiones, objetivos personales y motivaciones distintas, de las que se espera un milagro: el milagro de trabajar juntas, en un proyecto común, con un propósito común que interesa a todas ellas aunque, por razones divergentes. Y, dice Agnelli, han de lograr el objetivo común con eficacia, porque los resultados de la empresa han de ser los adecuados. No sólo en el estricto presente. ¡No! Sino hoy y mañana, porque si algo tiene la empresa, estimados lectores, es vocación de continuidad. No de eternidad, ya que como toda obra humana (o casi toda, me viene a la mente la Capilla Sixtina y otras muchas maravillas del arte que parecen permanecer intocables con el transcurso de los siglos…) es transitoria; pero sí debe existir un deseo y propósito de autocontinuidad.

Es imprescindible remarcar tres dimensiones de la empresa: la económica, la social y la ética. Lo que a continuación se expone, sonará utópico a los oídos de muchos o incluso propio de una doctrina neoliberal. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad.

Todos aquellos que creemos firmemente que la recuperación de España pasa por una transformación del país hacia una actitud más emprendedora, queremos creer y creemos que la empresa es una activa transformadora de la sociedad capaz de tejer un entramado de servicios, actividades, vínculos personales o maneras de actuar que beneficie al conjunto de ciudadanos.

En primer lugar, la empresa cuenta y debe contar para ser empresa con una imprescindible dimensión económica. La empresa es una institución económica que se hace responsable de una gran parte de los recursos productivos del planeta para usarlos de manera eficiente en beneficio de todos.  La empresa satisface necesidades ya que si así no lo hiciera nadie compraría sus productos o servicios y su único destino sería el cierre. De la misma manera, el valor de lo producido no debe ser inferior al valor de los recursos empleados. NO sólo satisface necesidades, sino que es imperativo que lo haga de manera eficiente ya que si así no fuera, no habría para ella otro final escrito más allá de la quiebra.

empresas1Otra dimensión de la que es imprescindible hablar es la social. ¿Qué es la empresa si no es una red de relaciones humanas? La satisfacción de los trabajadores por la tarea que llevan a cabo y por el ambiente que se respira en el lugar de trabajo serán claves en el éxito de una empresa ya que son sus conocimientos, sus capacidades, sus actitudes y sus valores los que crean las capacidades distintivas de la empresa. Son todos aquellos factores que sólo dependen de las personas los que, en última instancia, serán determinantes para que un cliente decida comprar en una empresa u otra.

Por último, hay que tratar ineludiblemente la tercera dimensión de la empresa y la más importante en mi opinión; la ética. Hay que aprender a confiar en la empresa. Evidentemente digo que es la más importante porque soy personalmente una ferviente admiradora de la empresa social, de la empresa ética. Trabajando en Boston Consoulting Group hace dos años, en donde estuve muy involucrada con la organización del Prix de l’Entrepreneur Social 2011, aprendí a amar y valorar todos y cada uno de los proyectos que tantos emprendedores tiran adelante con el afán de vivir de ello pero también, y sobretodo, de generar un impacto positivo en su barrio, en su ciudad, en su país o en el mundo. Sin embargo, es claro que el grado de importancia y peso que esta dimensión tenga dependerá de cada empresario.

La confianza a la que antes hacía referencia es totalmente necesaria para el futuro empresarial. Ésta, como sucede con la amistad o las relaciones sentimentales, es muy difícil de construir y muy fácil de derrochar y dañar. Solo se aprenderá a confiar si los directivos de la empresa demuestran que son capaces de involucrar a todas las personas en el equipo, si transmiten a sus subordinados que absolutamente cada uno de ellos es imprescindible. Eso es, tan simple y tan complejo, una de las mayores fortalezas de una empresa. Es un must del buen directivo motivar día a día, de manera próxima, a todos los empleados, haciéndoles saber que todas sus capacidades y cada uno de sus conocimientos son absolutamente imprescindibles para el buen funcionamiento de la empresa y animarlos para que, de buen grado, éstos los pongan al servicio de los demás. Pero no sólo eso. Los accionistas, a su vez, deberán demostrar, llegado el caso, que están dispuestos a poner los legítimos intereses de los clientes, de los empleados y de la comunidad por delante de la cotización de sus acciones.

Estas son, en definitiva, las tres dimensiones esenciales de lo que es -o al menos, debería ser- toda empresa moderna. Pero el análisis podría extenderse ad infinitum. Por último, me gustaría referirme a la empresa como creadora de un mundo justo y eficiente. Las empresas tienen, una responsabilidad en la renovación ética de la sociedad. Una renovación que, sin ser fácil de llevar a cabo, sí es totalmente necesaria, no sólo por razones altruistas, sino también porque las empresas se juegan en ello su razón de ser, su supervivencia. Y ello se consigue sólo de una manera, predicando con el ejemplo. No deja de ser incoherente predicar la lealtad y la dedicación mientras se anuncia a los empleados una mayor flexibilidad contractual sujeta a la cuenta de pérdidas y ganancias.

Compromiso. Responsabilidad. De arriba a abajo. 

El liderazgo y la dirección empresarial son un camino, una tarea que admite una amplia gradación de objetivos y esfuerzos. Las excepciones no serán graves siempre y cuando la regla general sea la excelencia en el modus operandi. Nunca podrán darse por concluidos, se trata de un modo de hacer, de un estilo en la vida empresarial, mas los resultados sucesivos serán buenos indicadores de la calidad de la organización.

El reconocimiento al buen trabajo, la cooperación, la participación colectiva, el fomento de las buenas relaciones personales y de la autonomía personal , la eficiencia económica, la dignidad de todos…. No hay otra forma de gestionar a un grupo de individuos que, con intereses variados e incluso contrapuestos, colaboran de manera libre y voluntaria en un mismo proyecto.

El post de hoy se escribe con el ánimo de acercar a los lectores el concepto del que sería -en mi opinión- el buen hacer empresarial. Porque cada día que pasa estoy más segura de que para salir de esta crisis necesitamos construir, desde hoy mismo y entre todos, un gran cambio de paradigma. Necesitamos personas al servicio de personas, urge un cambio en la estructura de valores, es imperativo desde hace tiempo que el empresario recupere la reputación pérdida. Necesitamos, y no hay tiempo que perder, que los emprendedores salgan de sus casas con ganas de comerse el mundo.

2 thoughts on “Sin tiempo que perder: La empresa como motor de una sociedad más justa

  1. Molt bon article Gina!

    Segur que t’interessa donar un cop d’ull al Code de Buysse i a la regulació (vinculant i preceptiva) belga sobre RSE i Gouvernance d’Entreprise! Potser en trobes quelcom interessant! Les particularitats del Code de Buysse ho són molt més de cara als Groups de Sociétés i a la regulació alemanya. La causa de tot la té el establishment dels posseidors d’accions en les principals empreses cotées de cada estat.

    Si t’interessa et puc passar info!

    Sempre escombro cap al Dret, és de formació professional! 😉

  2. Molt bon article Gina!

    Segur que t’interessa donar un cop d’ull al Code de Buysse i a la regulació (vinculant i preceptiva) belga sobre RSE i Gouvernance d’Entreprise! Potser en trobes quelcom interessant! Les particularitats del Code de Buysse ho són molt més de cara als Groups de Sociétés i a la regulació alemanya. La causa de tot la té el establishment dels posseidors d’accions en les principals empreses cotées de cada estat.

    Si t’interessa et puc passar info!

    Sempre escombro cap al Dret, és de formació professional! 😉

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