Sector Públic (II)

(VERSIÓN EN CASTELLANO ABAJO)

El passat article, Sector Públic (I), vaig parlar de qui composava aquest sector, quants empleats n’hi havia, etcètera; avui tractaré un tema que sempre ha estat latent, però davant la conjuntura en què ens trobem, el debat s’ha avivat: la manca d’un sistema d’incentius eficient al sector públic. A partir d’aquí, analitzarem què falla i com es pot arreglar, intentant fer d’economista, aquell qui estudia la presa de decisions dels agents.

La teoria és molt senzilla. Un funcionari, un cop fetes les oposicions, acostuma a tenir un lloc de treball amb un sou fixe, amb complements que bàsicament dependran de la seva antiguitat, i amb poques opcions de promoció. Davant d’aquest escenari d’estabilitat, còmode, ens podríem trobar amb qui digués que aquest treballador s’esforçaria al màxim, basant-se en que la felicitat és productiva, és a dir, un sou fix elevat t’asseguraria una productivitat alta del treballador. Aquest model és refutable per totes bandes, perquè tot i que sí és cert que un entorn propici pel treballador on es trobi més a gust millorarà la seva productivitat, si el treballador sap que s’esforci o no gaudirà del mateix, òbviament optarà pel mínim esforç. A partir d’aquí, hi ha concens en la majoria d’estudiosos del comportament humà en que el model a seguir és el model econòmic de conducta, que parteix de la base següent:

– L’individu és racional, busca maximitzar la seva utilitat/benefici (no implica buscar el màxim ingrés econòmic, sinó el màxim benestar, on la contraprestació monetària no ho és tot).

Per tant, amb aquest supòsit, un treballador amb un sou fixe tendirà a reduïr el seu esforç fins el mínim possible, que seria el nivell més baix que pot tolerar l’Administració, que acostuma a ser el del company que pitjor compleix sense ser sancionat (El desgobierno de lo público, 2008; Alejandro Nieto). Un cop explicat això, podríem dir llavors que el funcionari que rendeix per sobre del mínim és irracional? Evidentment, no. No es tractaria d’una anomalia, perquè recordem que ser racional implica maximitzar el teu benestar, i si per un treballador, per conviccions morals (cultura de l’esforç, satisfacció per la feina ben feta…), rendir per sobre els mínims li maximitza la seva utilitat, n’obté major felicitat, llavors no direm que és irracional. Això explicaria l’actitud de molts empleats públics. El problema és que l’Administració no pot deixar que la seva productivitat depengui de l’atzar de les conviccions morals dels seus treballadors.

Una altra “llei” segons Nieto, és que una part dels empleats públics ajusten la seva productivitat al que consideren adequat al seu sou. En aquest sentit, vull afegir una crítica al sistema de retallades que s’està seguint, on, per seguir una estratègia “políticament correcta”, s’estan reduïnt els sous obstinadament per tal d’evitar l’acomiadament. La teoria més bàsica de l’economia de l’empresa estipula que aquestes pràctiques porten a la desmotivació, ja que el bon treballador veu reduït el seu sou de la mateixa manera que el company que no rendeix tant, i no se sent valorat. Això porta a una caiguda de la productivitat, em sembla a mi, molt comprensible. Aprofitant la conjuntura, s’hauria de filtrar els mals treballadors, aplicant els sistemes de sanció, que ja existeixen, però són aplicats molt exepcionalment i només es compleixen a “raja tabla” amb les forces de seguretat. Així el bon treballador se sentiria valorat, i l’augment de motivació (incentiu positiu) i la pressió per ser acomiadat (incentiu negatiu) provocarien un augment de la productivitat.

Dit això, la solució sembla tant evident com sorprenent el fet que no s’hagi aplicat: un sistema de retribució en funció del rendiment, de tal manera que els bons siguin premiats i els dolents “castigats”. Detallat en fets concrets seria el que anomenem sistema d’incentius. No seria pas innovador, doncs alguns països europeus com Finlàndia, Holanda i Alemanya han reformat el seu sistema, aplicant mesures per millorar la seva productivitat. Espanya ha seguit el model francés de sou fixe i vitalici, però res dura per sempre.

Però el problema del nostre sistema es localitza a la cúpula, a causa de la seva politització i l’absència d’un cos directiu professionalitzat capaç d’aplicar un sistema d’incentius. Mentre no tinguem un model més britànic, on el funcionariat és independent, jo defensaré l’actual sistema, perquè donar flexibilitat a un sector públic controlat per uns caps polítics, donaria via lliure a pràctiques nepòtiques, “enxufes” a amics, etc…es convertiria amb l’empresa privada del govern.

Ja per finalitzar, volia contestar a tota la gent que afirma que hi ha massa funcionaris, o massa assalariats públics. Sobren metges? Sobren professors? Jo crec que no. La Seguretat Social no dóna a l’abast, i pel que fa professorat, només cal veure les aules superpoblades on fem classe. El que cal és una reordenació que aprimi els sectors burocratitzats mitjançant les noves tecnologies i engreixi els sectors funcionals.

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El pasado artículo, Sector Públic (I), hablé de quién formaba parte de este sector, cuántos empleados había, etcétera; hoy trataré un tema que siempre ha sido latente, pero ante la coyuntura en que nos encontramos, el debate se ha avivado: la carencia de un sistema de incentivos eficiente en el sector público. A partir de aquí, analizaremos qué falla y cómo se puede arreglar, intentando hacer de economista, aquel quien estudia la toma de decisiones de los agentes.

La teoría es muy sencilla. Un funcionario, una vez hechas las oposiciones, acostumbra a tener un puesto de trabajo con un sueldo fijo, con complementos que básicamente dependerán de su antigüedad, y con pocas opciones de promoción. Ante este escenario de estabilidad, cómodo, nos podríamos encontrar con quienes dijeran que este trabajador se esforzaría al máximo, basándose en que la felicidad es productiva, es decir, un sueldo fijo elevado te aseguraría una productividad alta del trabajador. Este modelo es refutable por todas bandas, porque a pesar de que sí es cierto que un entorno propicio por el trabajador donde se encuentre más a gusto mejorará su productividad, si el trabajador sabe que se esfuerce o no ganará lo mismo, obviamente optará por el mínimo esfuerzo. A partir de aquí, hay concenso en la mayoría de estudiosos del comportamiento humano en que el modelo a seguir es el modelo económico de conducta, que parte de la base siguiente:

– El individuo es racional, busca maximizar su utilidad/beneficio (no implica buscar el máximo ingreso económico, sino el máximo bienestar, donde la contraprestación monetaria no lo es todo).

Por lo tanto, con este supuesto, un trabajador con un sueldo fijo tendrá tendencia a reducir su esfuerzo hasta el mínimo posible, que sería el nivel más bajo que puede tolerar la Administración, que acostumbra a ser lo del compañero que peor cumple sin ser sancionado (El desgobierno de lo público, 2008; Alejandro Nieto). Una vez explicado esto, podríamos decir entonces que el funcionario que rinde por encima del mínimo es irracional? Evidentemente, no. No se trataría de una anomalía, porque recordamos que ser racional implica maximizar tu bienestar, y si por un trabajador, por convicciones morales (cultura del esfuerzo, satisfacción por el trabajo bien hecho…), rendir por sobre los mínimos le maximiza su utilidad, obtiene mayor felicidad, entonces no diremos que es irracional. Esto explicaría la actitud de muchos empleados públicos. El problema es que la Administración no puede dejar que su productividad dependa del azar de las convicciones morales de sus trabajadores.
Otra “ley” según Nieto, es que una parte de los empleados públicos ajustan su productividad al que consideran adecuado a su sueldo. En este sentido, quiero añadir una crítica al sistema de recortes que se está siguiendo, donde, para seguir una estrategia “políticamente correcta”, se están reduciendo los sueldos obstinadamente para evitar el despido. La teoría más básica de la economía de la empresa estipula que estas prácticas conducen a la desmotivación, puesto que el buen trabajador ve reducido su sueldo del mismo modo que el compañero que no rinde tanto, y no se siente valorado. Esto trae una caída de la productividad, me parece a mí, muy comprensible. Aprovechando la coyuntura, se tendría que filtrar los malos trabajadores, aplicando los sistemas de sanción, que ya existen, pero son aplicados muy exepcionalmente y sólo se cumplen a “raja tabla” con las fuerzas de seguridad. Así, el buen trabajador se sentiría valorado, y el aumento de motivación (incentivo positivo) y la presión para ser despedido (incentivo negativo) provocarían un aumento de la productividad.

Dicho esto, la solución parece tan evidente cómo sorprendente el hecho que no se haya aplicado: un sistema de retribución en función del rendimiento, de tal manera que los buenos sean premiados y los malos “castigados”. Detallado en hechos concretos sería lo que denominamos sistema de incentivos. No sería un paso innovador, pues algunos países europeos como Finlandia, Holanda y Alemania han reformado su sistema, aplicando medidas para mejorar su productividad. España ha seguido el modelo francés de sueldo fijo y vitalicio, pero nada dura por siempre.

Pero el problema de nuestro sistema se localiza en la cúpula, debido a su politización y la ausencia de un cuerpo directivo profesionalizado capaz de aplicar un sistema de incentivos. Mientras no tengamos un modelo más británico, donde el funcionariado es independiente, yo defenderé el actual sistema, porque dar flexibilidad a un sector público controlado por unos jefes politizados, daría vía libre a prácticas nepóticas, “enxufes” a amigos, etc…se convertiría en la empresa privada del gobierno.

Ya para finalizar, quería contestar a toda la gente que afirma que hay demasiados funcionarios, o demasiado asalariados públicos. Sobran médicos? Sobran profesores? Yo creo que no. La Seguridad Social no da al alcance, y el profesorado… sólo hay que ver las aulas superpobladas donde damos clase. Lo que hace falta es una reordenación que adelgace los sectores burocratizados mediante las nuevas tecnologías y engorde los sectores funcionales.

0 thoughts on “Sector Públic (II)

  1. Bon article Bernat! Mira que no hi estic gaire a favor de la figura del funcionari, però amb els teus articles i sobretot amb aquest sistema que proposes no hi estaria tan en contra, potser el que em fa que no els pugui aguantar gaire és veure com una persona es llença de cap a un sistema on no valoraran les seves aptituds ni serà retribuïda pels seus mèrits, només per un examen concret. Tan debò es pugi canviar això, encara que molts sindicats acabarien dient que es un atac als seus drets.. Triar als millors? Vaja…

  2. Bona Bernat! 😉 Fixa’t que el teu argument és pot estirar i aplicar-lo als governs. Com que els governs no es veuen sota la pressió que imposa la competència, acaben generant burocràcies ineficients. De fet segur que hi han hagut moltes empreses així al llarg de la història. El que passa és que els mercats expulsen aquest agents mitjançant la competència. Per tant, l’única opció que tenim per a que un govern faci les coses eficientment i imposi criteris d’eficiència als seus funcionaris depèn de la seva “moralitat” o preferències. Clarament els polítics d’Espanya estan molt allunyats pel que fa a la visió governamental dels països del nord que anomenes 🙂 Per sort ens queda un xic d’esperança: emigrar. Tot i que canviar de país és costós, sobretot a Europa, els consumidors sempre tindrem aquest as a la màniga en cas que els governs es tornin inaguantables! 😉

  3. Cierto que una persona al tener algo asegurado puede ir mas relajado (esto se puede ver perfectamente en el sector privado), ¿pero realmente es culpa de la persona? Yo opino que en parte, el principal problema que hay aqui, es que se busca mejorar la productividad aumentando o bien las horas que se trabajan o bien reduciendo la retribucion, ambas teniendo un efecto en la psique, y de ahi, viene parcialmente el mal. La otra parte viene de la ineficiencia propia del sistema, un sistema demasiado modulado, lo que se podria pensar que da mas flexividad y eficiencia acaba dando el coñazo y mandando al personal de una lado a otro, y el otro acaba siendo un libro de instrucciones mas que un ser productivo.

    Quizas la solucion esta en no ser tan rigurosos, y es que esta demostrado que cuando ciertos cuerpos funcionan “segun se indica” acaban bloqueandose a si mismos, un claro ejemplo es la actuacion que tomo el CNP en la anterior era del PP de actuar segun decia el reglamento como forma de huelga, un desastre en su funcion, y no pretendo universalizar el funcionamiento de todos los cuerpos con esto, que conste.

  4. Fantàstic a nivell general. En particular trobo molt, però molt encertat, l’últim paràgraf, potser és perquè jo també tinc família funcionaria. Poso un exemple:

    L’altre dia vaig anar a urgències perquè m’havia trencat la mà. El cas és que en línies generals l’atenció dels metges/infermers/auxiliars, va ser prou bona i ràpida. Tenint en compte que ja sabem que quan vas a urgències si no et va de vida o mort triguen una estona, com és normal en atendre’t. La qüestió és que en total vaig passar dues hores i mitja entre que em van atendre, radiografia, diagnostic, i enguixar-me, en canvi la administrativa que em va atendre, va estar 10 minuts per agafar-me les dades. Tot i que només em va demanar el nom, el DNI i una breu descripció de la lesió. 10 minuts escrivint a l’ordinador.

    Evidentment no és culpa de l’administrativa que em va atendre, sinó del pèssim software informàtic que deuen tenir. Jo he fet la prova i trigo 40 segons en escriure les 3 dades que em va demanar. Tota la resta de coses que va escriure a l’ordinador, perquè no parava d’escriure, ja podien estar escrit per defecte. Això pot semblar una tonteria, però penseu quants administratius extres fan falta per escriure una cosa que es pot escriure en 1 minut si per culpa del software es tarden 10 minuts. 10 vegades més administratius.

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