¿Qué es el quantitative easing?

Estas dos palabrotas no deberían asustar a nadie, sobretodo teniendo en cuenta el hecho de que el  quantitative easing ha pasado de ser un instrumento de la política monetaria más bien  poco convencional a ser utilizado cada dos por tres por los principales bancos centrales.

Dadas ciertas situaciones de estrés económico, el quantitative easing se utiliza para estimular la economía cuando la política monetaria convencional ya no es efectiva debido a unos bajísimos tipos de interés nominal que no pueden bajar más allá de cero. ¿Quieres saber más sobre esta técnica tan amada y odiada por todos los economistas y peces gordos de los bancos centrales? ¡Sigue leyendo!

En una situación de bonanza económica en la cual simplemente se requieren puntuales ajustes, el banco central compra o vende bonos del gobierno estatal con un único objetivo; mantener constante el tipo de interés. ¿Por qué es necesario un tipo de interés estable? Pues lo cierto es que es éste el método que de manera progresiva se ha elegido como el más útil y efectivo para controlar la inflación y sus múltiples efectos, a menudo perversos, sobre la economía real. El objetivo principal de un banco central es, en general, la estabilidad de precios. Ello resulta coherente, ya que un contexto en el cual los precios sean muy volátiles es inseguro tanto para consumidores como para productores, los ahorros pierden valor constantemente, disminuye la capacidad adquisitiva de los ciudadanos día tras día, hay movilizaciones demandando sueldos más elevados…y todo ello entorpece el desarrollo de la actividad económica.

Sin embargo, cuando los tipos de interés ya se encuentran en un nivel extremadamente bajo, el hecho de comprar o vender bonos del gobierno emitiendo más moneda no tiene ningún efecto sobre ellos. La política monetaria convencional es, entonces, totalmente inefectiva. Esta situación se conoce como la trampa de liquidez o liquidity trap. Las características principales de un liquidity trap es que los consumidores poseen elevadas cantidades de ahorros y les domina la creencia de que los intereses subirán en cualquier momento. El precio de los bonos tiene una relación inversa con los tipos de interés que estos ofrecen, por lo tanto, el incentivo que tienen los consumidores de adquirir bonos es nulo, ya que racionalmente prevén una bajada de precios en el muy corto plazo.

En casos como éstos, el banco central implementa otro tipo de política expansiva, el quantitative easing, comprando activos financieros a los bancos comerciales y a otras instituciones. Se imprime así, más dinero, utilizado para pagar estos activos, inyectando mucho capital a la economía, en un esfuerzo para promocionar el préstamo y la liquidez.

A través del quantitative easing se venden activos de vencimiento mayor a los bonos estatales que nadie quería comprar, de manera que los precios de estos activos suben y su rendimiento a largo plazo baja. Todo ello conlleva un grave peligro, el de la inflación.

Gracias a la gran inyección de capital, los bancos ven incrementado el número de sus reservas adicionales, las cuales en una situación ideal deberían ser empleadas para realizas préstamos a los ciudadanos, los cuáles tendrían más posibilidades de comprar  bienes y servicios, lo cual da energía a las empresas que crecen y pueden contratar a más trabajadores, las familias tienen más riqueza…. Estimulando así a toda la economía.  No obstante, eso no siempre ocurre de esta manera, ya que los bancos comerciales pueden tener incentivos individuales de contener los préstamos en aras de estimular la demanda.

El debate está, por lo tanto, servido.  No todo es tan sencillo, previsible ni straightforward. Si los activos financieros que compra el banco central son de mala calidad, como por ejemplo hipotecas cuyo pago futuro es dudoso, eso podría costar mucho dinero a los ciudadanos, cuyos depósitos y cuentas bancarias pueden verse gravemente comprometidos.  El quantitative easing no es una ciencia exacta. A veces, es visto como una política desesperada que busca ganar el favor del público en situaciones de recesión.

Los tipos muy bajos pueden perjudicar a la economía si los ciudadanos, como pensionistas  o ahorradores por ejemplo, cuyo patrimonio depende del interés, deciden gastar menos. Según los expertos, los efectos adversos se ven anulados por los positivos derivados del mayor dinamismo económico, sin embargo está claro que ciertos grupos de la sociedad se ven perjudicados y constituyen, desgraciadamente,  un “daño colateral”.

Además, otra desventaja del quantitative easing es que la inflación posterior puede ser superior a la deseada o a la que la economía puede absorber con su mayor actividad si la cantidad de capital que se inyecta es sobrestimada, creando más moneda de la necesaria.

Por todo esto y mucho más, el quantitative easing es un ejemplo de cómo la economía no tiene respuestas para todo. La economía es una ciencia que estudia cómo se reparten los recursos a través de decisiones humanas que se toman en un mercado. El hecho de que tanto en la economía dependa de decisiones de personas de carne y hueso; con sus debilidades, con sus perversiones y con sus intereses personales (…) conlleva que no sea una ciencia previsible ni mucho menos exacta. Cada política debe ser debidamente estudiada, así como también el contexto en el cual se aplica. Y a veces, todos los cálculos serán incapaces de prever ciertas situaciones de extrema gravedad, tal y como la crisis actual demuestra.

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