Quedan 7 días: Razones para manifestarse

Estos días, deben ser varios los ciudadanos catalanes que meditan, dubitativos, si deberían asistir a la manifestación convocada para el próximo día 11 de Septiembre por la Assamblea Nacional Catalana.

Las dudas son razonables. Hasta las ideologías más firmes pueden tambalearse cuando se viven tiempos convulsos. Algunos se reafirman aún más en sus creencias y otros, se pierden en un mar revuelto de información sesgada que no ayuda a crearse una opinión propia, sino que más bien al contrario. Además, el hecho de que el President haya anunciado que no acudirá a la manifestación, aún siembra más dudas sobre los indecisos.

La sociedad catalana necesita saber que todo, absolutamente todo lo que pueda derivarse de una asistencia legendaria a la tan comentada y controvertida manifestación es beneficioso para el pueblo catalán. Cierto es que lo ideal sería acudir con una sola voz, por unos únicos motivos y unidos por un mismo propósito sin matices. Pero eso no es posible, no cuando se está viviendo un proceso irreversible de cambio en el cual cada vez hay más que luchan por lo mismo, pero también hay muchos que temen lo que pueda venir, tal y como es innato en la naturaleza humana, generalmente adversa al riesgo.

Es de vital importancia que toda la comunidad de ciudadanos se sienta parte de un proceso que  les está llamando, de un proceso que les necesita. Es de salud democrática que tanto jóvenes, adultos y mayores estén alerta, integrándose en los eventos  de una historia que los necesita para ser. Ningún gran acontecimiento histórico de los que  se escriben en libros de texto se ha producido sin el apoyo popular y la presión que éste ejerce, de manera automática, sobre las instituciones de un país. Y dicho apoyo antes que por las urnas, debe pasar por las calles.

Nos encontramos en un momento de decadencia casi absoluta, donde lo único que queda son las ganas que la sociedad tenga de olvidar que más allá de contribuyentes, también son ciudadanos con derecho a la autodeterminación, con derecho a decidir dónde se gestiona el dinero fruto de su trabajo y con derecho a rebelarse ante situaciones que no agradan y a expresarlo de manera pacífica. Es un momento en el que la ejemplaridad pública brilla por su ausencia. Y ello, se ha convertido en un problema menor, ya que no se pueden pagar las deudas y cuando la urgencia de los números rojos apremia, toda decencia puede ser rebajada.

El déficit fiscal histórico que Cataluña padece, algunos prefieren llamarlo espolio fiscal, es un hecho innegable que se podría solucionar si los altos mandos del Estado cedieran para devolver a Cataluña todo lo que es suyo, permitieran a la nación tener un banco propio, se propiciara la puesta en vigor de leyes actualizadas y un pacto fiscal adecuado para una comunidad motor. Pero eso parece lejos de ser probable, y el Estado sigue con su incomprensible deslealtad institucional, culpando a las autonomías de un déficit que proviene, en un 60%, del Gobierno Central.

Mientras los impuestos que pagan los catalanes no se administren dentro de sus fronteras, difícilmente Cataluña podrá ser depósito de la confianza de países e inversores. La confianza de los mercados se ha evaporado, entre otros motivos, porque el dinero ganado con el trabajo catalán se administra allí dónde los reyes matan elefantes acompañados de sus amantes y donde los gobiernos hacen exactamente lo contrario de lo que prometieron. Suena crudo, pero así es. La credibilidad que Cataluña busca y merece  como nación, no existe dentro de España.

En los últimos días han aparecido informaciones en los diarios más prestigiosos de Europa sobre la ayuda que Cataluña ha pedido a España. Sí, el famoso “rescate” que tantos venían vaticinando. Pocas veces, sin embargo, puede verse esta información puesta en contexto, mencionando también que este dinero que se reclama casi con vergüenza proviene de los impuestos de los catalanes. Cataluña ha pedido 5 mil millones a quien le entrega cada año 16 mil millones más de lo que recibe. No es muy difícil hacer cuentas y percatarse de la enorme solidaridad catalana.

No deben confundirse estas reflexiones con una supuesta soberbia o prepotencia del pueblo catalán. Cataluña lleva años cumpliendo con España y con la llamada solidaridad territorial, pidiendo perdón y por favor en exceso a un Estado que cuando no la ha ninguneado la ha usado vulgarmente en su favor. Pero no debe faltar un reconocimiento consciente y crítico de los propios errores cometidos. La Generalitat fue pésimamente gobernada en tiempos de la burbuja inmobiliaria, cometiendo faltas graves de manera continua y propias de gente inexperta y mediocre. Estos deben asumirse con responsabilidad y deben ser tenidos en cuenta por las generaciones posteriores de gobernantes.

¿Qué se puede esperar, pues, de un Estado que no cumple las leyes como la disposición adicional tercera o el fondo de competitividad? ¿Qué se puede esperar de un Estado que se empeña en destruir a la locomotora principal de su economía? Poco. O nada. Hay una larga lista de argumentos a favor de la independencia y también algunos en contra. Pero aún nadie sabe dar motivos para que Cataluña siga formando parte de España. Al fin y al cabo, Cataluña ya es una de las naciones desarrolladas que vive más por debajo de sus posibilidades. Y es cierto que el miedo al riesgo del cambio existe. Pero yo, y conmigo cada vez más catalanes y catalanas, preferimos caminar por una senda desconocida antes que seguir por un camino que lleva progresivamente, pero inexorablemente, hacia el abismo.

Por todo esto y mucho más los catalanes deben acudir de manera masiva a la manifestación del 11 de Septiembre. Debe ser un punto de inflexión en la Historia en el que la sociedad y la vida catalana se paren para decir basta con voz fuerte y convencida a toda la pantomima que se ha vivido desde hace 300 años y que se está haciendo, día a día, más evidente y aplastante. Sean cuales sean los motivos o el objetivo final con el que cada uno sueñe. Se desee la independencia con urgencia, la reclamación de un pacto fiscal digno o simplemente se esté desengañado del espectro político general…Ir a la manifestación es la mejor opción para cualquier ciudadano catalán. Hablando en términos puramente económicos, las razones son de peso.  Porque democracia no es sólo ir a votar, pagar y callar, democracia es alzar la voz y las banderas cuando las cosas no van bien y reclamar cambios predicando con el ejemplo.

Todos los catalanes debemos demostrar a Europa el próximo día 11 que somos y seremos. Que somos y seremos un país abierto al mundo y dispuesto a todo para defender y recuperar nuestra dignidad e integridad como pueblo. Somos y seremos un país orgulloso de su pasado y comprometido con un futuro que lo deja todo abierto.  Que somos y seremos un país serio y trabajador, moderno y europeo. Y sí, europeo también, aunque hoy esta denominación de origen esté, como tantas otras cosas, en crisis.

0 thoughts on “Quedan 7 días: Razones para manifestarse

  1. Estic d’acord amb el que comentes a l’article, en línies generals. Ara bé, volia ressaltar -i molt- la importància d’un dels paràgrafs, el que fa referència a la gestió de la Generalitat en els anys de la bombolla. Bé, val a dir que els anys del tripartit i, posteriorment, del sr. Montilla, van fer un mal a Catalunya sense precedents, amb la seva política d’infraestructures innecessàries i un dispendi públic completament fora de control -a més d’una distribució esperpèntica dels recursos per als organismes públics, com per exemple en el cas del sector sanitari, la corrupció, els cobraments que no figuren enlloc, etc, etc, etc.-, fent disparar el deute públic de l’administració catalana en èpoques de bonança; és de calaix que no s’han de malgastar els diners d’aquesta manera quan la bombolla de totxo i crèdit, que s’estava gestant aleshores, ja era de proporcions considerables. I no només això, sinó que un cop la paraula “desacceleració” i, posteriorment, “crisi”, van començar a aflorar entre el panorama polític del país, els socialistes catalans i espanyols, lluny de posar punt i final a la voràgine de despesa pública, van escurar fins a l’últim racó de les arques públiques, sota el lema d’esquerres…quins collons.

    Les polítiques econòmiques que hauria d’haver dut a terme l’esquerra fa molt de temps, les està aplicant amb retard, i el que és pitjor, amb ideologia proespanyola i conservadora, el Partit Popular. Com és evident, el debat identitari genera molta crispació en l’ambient polític que ara governa Espanya, però si això està passant és perquè els socialistes no es van preocupar, en cap moment, de deixar Catalunya a l’alçada de la potència econòmica que és, sinó que la va vendre per quatre infraestructures mal fetes i molt costoses en el seu moment. I, com tots sabem, sense diners -ni aquests, ni el que la gestió tributària central no ens retorna-, negociar en condicions favorables és entre difícil i impossible.

  2. Gina felicitats! molt ben escrit. Coincideixo completament amb tu en tot malgrat l´últim paràgraf. Europa com a projecte d´estat plurinacional és, ara com ara, la amenaça més gran que tenim a la democràcia i a la sobirania de les nacions. Temps al temps.

    Ens veiem a la mani el 11! 🙂

    1. Tothom té dret a manifestar-se, però en el meu cas, no vaig a anar. Sóc català i estimo Catalunya, però estic bastant cansat de tant politiqueig sobre el tema de la independència. És contradictori que mentre es demana la independència de l’estat espanyol, d’altra banda es recorri precisament a l’estat espanyol, a demanar ajuda económica.Dicho d’una altra manera, no ens interessa Espanya per unes coses, però per a altres, si. Sincerament, no ho veig bé, i ho considero una hipocresia. Si es vol ser independent, ho entenc i ho accepto, però per tot, no per unes coses si, i altres, no.

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