“O futuro chegou”

En América Latina, la espera eterna parece haberse acabado. El tan ansiado futuro, ha llegado. Los países latinos de América del Sur son, hoy, una realidad empresarial llena de oportunidades; territorios que han pasado de reclamar atención a voz en grito a ser atracción de inversiones mundiales y unos mercado llenos de grandes posibilidades.

Con una Europa en recesión económica, unos Estados Unidos americanos dubitativos que requieren de agresivas políticas monetarias expansivas para sobrevivir y una China que, aunque con indudable potencial, muestra signos de debilidad… Los ojos de todos los empresarios con visión ya se han posado en el otro lado del hemisferio, en donde más de 20 estados ofrecen muchos caminos que aún están por recorrer. Un abanico variado de sistemas cada vez más abiertos a la inversión directa internacional, con ciudadanos accediendo a la educación, al crédito y al consumo a través de múltiples sendas con un único destino: el progreso. Aunque pueda parecer un tanto banal, celebraciones de eventos deportivos de seguimiento mundial como los Juegos Olímpicos en 2016 y el Mundial de Fútbol en 2014 serán organizados próximamente en esta parte del hemisferio sur…y ello constituye un ejemplo claro de cómo, poco a poco, los ojos del mundo se posan disimuladamente y sin quererlo del todo en estos modestos países.

Los sectores más dinámicos son a día de hoy el constructor, las telecomunicaciones, el ocio, la restauración y comunicación, el consumo, la ropa y la educación. No obstante no todas las regiones son, por supuesto, equivalentes. Desde México o Colombia hasta Chile, Perú, Uruguay, Ecuador o Brasil hay miles de matices a los que cabe prestar atención y que conllevan, a su vez, necesidades muy variadas entre los consumidores potenciales. Es digna de mención la creación de un nuevo bloque económico formado por Colombia, Chile y Perú. Chile es, por ejemplo, el mayor receptor de capital riesgo y capital privado de este año 2012. Dichos tres países andinos constituyen el motor de crecimiento en América Latina y una nueva fuente de dinamismo regional, esencial para ciertos objetivos políticos como una mayor integración territorial que ahuyente las posibilidades de que algunas zonas se desarrollen mucho sin transferir riqueza a las demás, lo cual podría ser origen de desigualdad y verdadero malestar social.  Sería imperdonable también no destacar a Brasil, el otro pez gordo indiscutible que con su principal núcleo de actividad en Sao Paolo, una de las ciudades más dinámicas del mundo actual, atrae a miles de profesionales cada año hechizados por las buenas oportunidades laborales que en ella abundan.

Las empresas latinoamericanas ya no se conforman con su mercado autóctono, sino que miran más allá y buscan captar público internacional que les permita desarrollar métodos más perfeccionados  de formalización y profesionalización de los servicios, la gestión de talento o la aplicación de la tecnología. Llegados a este punto empiezan a jugar un papel fundamental ciertos tipos de empresas como las consultoras estratégicas, quienes pueden encontrar gran cantidad de demanda para sus servicios de asesoramiento y de análisis. También las de publicidad, para poder desarrollar y vender nuevos productos y servicios que respondan a las necesidades de los tan variados tipos de consumidor.

Latinoamérica, con un índice de bancarización tradicionalmente bajo, está creciendo y su clase media cada vez disfruta de mejores salarios, los que facilitan el consumo que activa a la economía y que propicia un desarrollo de las actividades bancarias, las cuales a su vez facilitan el acceso al crédito para poder dar oportunidades a los que, de otra forma, no las tendrían. Pero aún existe un enorme crecimiento potencial, ya que hay gran parte de la población con un nivel de renta muy bajo con escaso acceso a los mercados financieros.

Los países de América Latina buscan directivos formados que puedan aplicar su valioso conocimiento sobre el terreno. Sectores como el del consumo se hallan en plena expansión, por lo que hay necesidad de talento en las áreas operativas y en los cargos ejecutivos. Todos los jóvenes bien formados en países que ahora cuentan los días hasta que la recesión termine, o el paro deje de incrementar, no deben dudar en apostar firmemente por su futuro en países en los que su cualificación es ahora tan necesaria. Así que ya sabéis, si os asustan las listas de paro en España (25% de la población, lo nunca visto en la historia) probablemente no haya muchas ideas mejores aparte de invertir en un vuelo hacia Brasil y buscarse allí la vida.

Sin embargo, todo esto parece demasiado bonito y demasiado fácil para ser verdad. Y así es. Los cimientos de medio mundo se están quebrando, llevando a éste hacia un clima generalizado de pesimismo y desorientación. No puede ser buena idea, por lo tanto,  seguir a raja tabla el modelo que Occidente ha encabezado durante el último siglo.

Se han cometido muchos errores, algunos por negligencia y otros por inconsciencia o debido a los perniciosos efectos de las acciones colectivas (…) y esto deben tenerlo muy claro todos los países que ahora deben construir el modelo en el que acomodarse, los países que deben decidir ahora quiénes quieren ser y cómo deben ser.

Ciertos rasgos del crecimiento que América Latina está tomando nos son desagradablemente familiares (construcción, ocio, restauración y banking). Es cierto, considerando el estadio de crecimiento en el que América Latina se encuentra en el presente, que un desarrollo importante del sistema bancario y del sector de la construcción es más que necesario y no tiene por qué ser sinónimo de  crecimiento insostenible a largo plazo. Sin embargo, cabe recordar las limitaciones de ciertos modelos de desarrollo económico antes de que haya nada que lamentar.

Si, de manera paralela al boom económico en América Latina, tiene lugar un desarrollo del mercado bancario incontrolado e irresponsable, o un crecimiento de los salarios muy por encima del crecimiento de la productividad, (con la consiguiente pérdida de competitividad), bastaría con una eventual pérdida de confianza de la comunidad internacional o de los mercados financieros en las capacidades de estos países para crear un nuevo desastre económico que borrara indiscriminadamente todo el progreso actual.

Mi intención no es, en absoluto, llamar a la catástrofe o ni siquiera ser pájaro de mal agüero. Creo, sinceramente, que un buen futuro aguarda a estos países, hasta ahora tan desafortunados, si saben gestionar con inteligencia, rigor y paciencia su propio progreso. Con todo ello, es sabido que el hombre tropieza más de una y más de dos veces con la misma piedra, y en especial cuando se habla de economía, en donde tantos intereses individuales están en juego y totalmente dominados por mentes humanas imperfectas y defectuosas, cuando no perversas.

Es de imperiosa necesidad que estos países latinoamericanos sepan aprovechar las oportunidades que su riqueza natural les otorga, así como también las dudas que están despertando, actualmente, las tradicionales potencias mundiales.

Los gobiernos de estos países deben diseñar estrategias de crecimiento a largo plazo, para que todas las empresas que quieran instalarse en su territorio lo hagan con una visión alargada en el futuro y no pensando en aprovechar oportunidades coyunturales. Invertir especialmente en sectores intensivos en conocimiento y tecnología, fomentando la investigación y la ciencia, la calidad educativa o la buena praxis de las instituciones públicas son sólo algunos de los muchos requisitos indispensables para un crecimiento sostenible en el tiempo.

Evitar caer en tentaciones como subvenciones superfluas o inversiones dirigidas a llenar los periódicos de buenos titulares, así como también crecer fomentando una buena relación de la sociedad con sus políticos, (la cual sólo puede ganarse realmente con transparencia y leyes que faciliten la participación ciudadana habitual), son sólo algunos otros requisitos.

Latinoamérica dispone de la opción de tomar como ejemplo las cosas bien hechas en los países de Occidente con la ventaja de poder identificar los puntos flacos del modelo. La libertad económica debe irse instalando de manera definitiva en el país, es importante que las empresas extranjeras vean en estos países un lugar ideal en el que el instalarse y también que todas las facilidades sean puestas en marcha para que los ciudadanos con visión emprendedora puedan llevar a cabo sus proyectos satisfactoriamente. Es claro, que para que la transición total a la libertad económica tenga lugar el Estado tiene un papel fundamental. El Estado debe promover que la empresa sea un canal de desarrollo personal y profesional, lo cual posibilitará la creación de una clase media más realizada y satisfecha, que tome parte de la vida política, económica y social.

Pero eso no es todo; la historia no acaba aquí. La crisis actual ha demostrado feroz y cruelmente hasta qué punto hay mucho más detrás del crecimiento, del progreso económico, o  del aumento de la renta per cápita.

Los números y las estadísticas esconden, a menudo, realidades sociales pobres e injustas y desigualdades entre distintos pero cercanos núcleos de población. Son cortinas de humo que apartan la atención de inversiones en sectores poco productivos y entramados de burocracia innecesaria así como de montones de decisiones corruptas movidas por intereses de particulares. Si los países de América Latina quieren ganar de verdad, si quieren diferenciarse y si desean jugar sus cartas de manera inteligente, deben apostar, mientras crecen económicamente hacia una economía de mercado real y libre, por políticas que fomenten una mayor igualdad y justícia social. Ello se basa principalmente en luchar por una igualdad efectiva de oportunidades de todas las personas, con sistemas fiscales progresivos y con  esquemas de incentivos adecuadamente diseñados. Además, cabría considerar el establecimiento de una regulación eficaz sobre los mercados financieros a medida que estos se vayan expandiendo y haciendo cada vez más y más complejos. También, sería imprescindible la construcción, desde ya, de un sistema económico y legal que favorezca el ascensor social y la realización personal y colectiva del ciudadano en un marco de  protección garantizada de todos sus derechos fundamentales.

Todo esto, como os podéis imaginar, es muy difícil de conseguir en la práctica. Así que, aunque no les falte ni una pizca de razón a los brasileiros cuando dicen eufóricos que “o futuro chegou”, cabe rebajar la alegría para ponerse manos a la obra en la construcción de algo que realmente sea digno de admiración. Y, me permitiréis decirlo, ¡en dicha tarea los jóvenes de todo el mundo, dada la famosa globalización, tenemos una gran responsabilidad!

 

 

 

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