No siempre es la estética

No sé si sabíais que en según que poblaciones tienen las alturas de los edificios de nueva construcción limitadas. Dicen los defensores de esta ley que se busca conservar la estética del pueblo o ciudad, para que no se convierta en grandes urbes con altas torres de pisos desalmadas. Por ejemplo, en Les Franqueses del Vallès los edificios no pueden tener más de dos alturas, es decir, el típico bajo, primero y segundo. De pequeño me parecía una genial idea ya que así el pueblo conservaría su encanto acogedor y no aumentaría la densidad de población.

Ahora bien, un hecho tan sencillo como limitar la altura de los edificios nos lleva a un efecto que quizás no habían previsto los gobernantes del momento (o sí). De este modo se está limitando la oferta disponible de pisos indirectamente, ya que en la superficie disponible ya no se podrá construir todo lo que se desee sino que acotamos el número de viviendas posibles y en gran parte, estamos manteniendo los precios para que no se desplomen debido a un exceso de oferta inmobiliaria.

Durante esta crisis hemos visto gran cantidad de ciudades fantasmas ya sean del Pocero de turno o de la caja de ahorros de nuestro barrio. En tiempos de bonanza la medida sirvió para que los precios fueran altos, ya que no se podía construir por encima de esos niveles y la oferta no era toda la que la demanda deseó, pagando cantidades elevadas por viviendas en las que el valor estaba claramente por debajo del precio de compra. A día de hoy, a mi parecer la norma limita a las familias de renta baja y el motivo es el mismo que el del anterior párrafo.

Somos una pareja joven que quiere su primera vivienda, empezamos a buscar por la comarca del Vallès Oriental y nos atrae el pueblo del que llevo hablando todo el rato (casualidad que es el mio), entonces empezamos a solicitar precios y probablemente veremos que aunque la crisis está ajustando a marchas forzadas los precios, debido a la norma de un ayuntamiento, al haber menos pisos disponibles, el precio no acaba de bajar todo lo que nos lo podríamos permitir y deberemos irnos a Granollers a pagar nuestros impuestos municipales.

Con esto no quiero decir que se deba eliminar esta norma, ni que esté en contra o que esté a favor, creo que le da valor a un pueblo por poco democrático que pueda sonar. Pero también creo que un pueblo no es del ayuntamiento, y que es de sus gentes que deciden cómo y con qué regulación desean vivir. Ellos deberían elegir si desean mantener el status protegido o abrirlo a regulaciones más laxas.

¿No os hace falta que os escriba lo que van a elegir los vecinos no? Si mantienen la norma, el valor de su vivienda sigue quedando protegido de alguna manera u otra, en cambio si derogan la ley municipal el resultado será una bajada de precios en las siguientes construcciones y por lo tanto, en las ventas de pisos construidos con anterioridad. Simplemente es un equilibrio entre oferta y demanda, si la oferta la mantenemos artificialmente por debajo de lo que necesita el pueblo obtendremos precios elevados, si nos abrimos a la libre construcción encontraremos el equilibrio eficiente aunque no tiene porqué ser el deseado.

A veces, una simple regla que parece absurda puede llevarnos a razonar en términos económicos, sociales e incluso éticos sobre si el ayuntamiento nos está haciendo un favor o está entorpeciendo una de las decisiones más vitales de una persona y el siguiente debate podría ser si está realmente facultado para ello y con qué derecho impone tal norma con sus efectos ya mostrados. No siempre es la estética.

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