¡No le seas infiel a la PSICOLOGÍA!

“Ser infiel es la cosa más normal del mundo.” Este es el título de una polémica entrevista al escritor y psicólogo Rafael Santandreu. También conocido por haber catapultado los índices de audiencia de Late Motiv (el programa de Andreu Buenafuente) al mandar una entrevista precocinada. Textualmente, con sus preguntas y sus respuestas. El momento en que Buenafuente descubre públicamente el pastel no tiene desperdicio. La justificación de Santandreu, tampoco: “Lo hacemos porque los periodistas hacen muy malas entrevistas. A veces hacen unas preguntas que uno no quiere responder.” Vaya por dónde. Y cómo los periodistas hacen “malas preguntas”, yo le daré mis “buenas respuestas” a mis propias preguntas. De la manga, como si de un jugador de cartas se tratase, se saca un listado de estadísticas amorosas donde todo vale: el 30% de la población tiene problemas emocionales, el 50% de las parejas jóvenes no duran más de 10 años y el 90% de nosotros se separará. Todavía más: el 50% de los hombres y el 33% de las mujeres son infieles varias veces a lo largo de una relación, 3 años es lo que dura el deseo sexual y 5 años lo que tardas en cansarte de tu pareja.

“Ser infiel es la cosa más normal del mundo.” El 30% de la población tiene problemas emocionales.

La infidelidad para quien la sienta, yo no soy muy fan de generalizar. Aunque lo confieso,  soy un romántico que todavía cree en el amor por la vida compartida. Sin dependencia, nacimos para acompañarnos. Con los baches, más y mejor amor. De todo se aprende. En palabras del psicólogo gestaltista Joan Garriga en su libro El buen amor en la pareja con sublime subtítulo Cuando uno y uno suman más que dos: “En las relaciones de pareja no hay buenos y malos, culpables e inocentes, justos y pecadores. Lo que hay son buenas y malas relaciones: relaciones que nos enriquecen y relaciones que nos empobrecen. Hay dicha y desdicha. Hay buen amor y mal amor. Y es que el amor no basta para asegurar el bienestar: hace falta el buen amor.” La clave, tanto en el amor como en la vida, es la de siempre: el equilibrio entre el dar y el tomar.

Sin dependencia, nacimos para acompañarnos. Con los baches, más y mejor amor. De todo se aprende.

Sin el doctor amor, la celestina o la necesititis de pareja de por medio, Santandreu también nos plantea algunas reflexiones interesantes en el arranque de la entrevista: “la sociedad es cada vez más exigente y eso hace que todos seamos más autoexigentes”, “el error más habitual es exigirlo todo a cada uno de nuestros amigos” y “cuanto más tengas, más infeliz serás”, “nos volvemos locos porque damos demasiada importancia a todo”. O incluso: “la clave del éxito está en controlar tu pensamiento. Tenemos que aprender que nada es tan importante”. Maravilloso. Dejemos de aguantar la respiración y volvamos a leerlo…

Ahora, vamos a intentar digerirlo. La sociedad nos exige cada vez más y nosotros, por ende aunque sin sentido, acabamos exigiendo demasiado. Tanto a los demás como a nosotros mismos. A esto que padecemos se le llama enfermedad emocional y va de la mano de la ansiedad y la depresión. ¿La cura? Flexibilidad ante la abundancia. Más oportunidades no tienen por qué significar solo más necesidades absolutas sino también más posibilidades para no ser infeliz. Por voluntad (que no por obligación) en búsqueda del Ferrari de la felicidad. Trabajar la educación emocional para controlar sin exagerar. En psicología cognitiva, una mente de preferencias es mejor que una mente de exigencias.

Una mente de preferencias es mejor que una mente de exigencias

El psicólogo Michael West deja muy claro en otra entrevista que “la psicología debería avanzar el conocimiento. Y el uso de ciertas palabras ayuda.” Desde la psicología organizacional y el liderazgo reflexivo, nos recomienda tratar a nuestros compañeros de trabajo con dignidad, compasión y empatía. De hecho, permitirme hacer todavía una confesión más: tengo especial devoción por esto de la empatía. Es mi palabra favorita y procuro pasarla de la teoría a la práctica tanto como puedo. Es mi forma de no serle infiel a la psicología. Para los que estén buscando una definición teórica, el gran periodista Ryszard Kapuscinsky explica la empatía como “compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás.” En esta misma línea, West elogia las virtudes de saber escuchar y añade que ya “hemos entendido que el mundo está interconectado”.

Empatía es “compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás.”

Escúchate, escúchale y escúchanos. Otro dato: la lógica del mindfulness hace que una empresa sea un 25% más productiva. El trabajo no solo puede sino que debería hacernos mejores personas. De nuevo, por voluntad (que no por obligación) en búsqueda del Ferrari de la felicidad. Quien sabe, haciendo un poco de ficción a caballo entre el periodismo y la psicología, quizás si Kapuscinsky y West hubieran coincidido en tiempo y espacio habrían charlado un rato sobre empatía. Aunque espero que lejos, muy lejos, del formato de entrevista precocinada que tanto parece gustarle a Santandreu.

Recapitulemos: conectar amor y trabajo en una misma fórmula llamada vida. ¿Te imaginas?  Del recuerdo de “Atrévete a quererlo todo ¡Date permiso!” a la realidad de “¡No lea seas infiel a la psicología!”. Para el que todavía se haya quedado con ganas de más psicología servida en formato periodístico o literario, os dejo una de esas preguntas incómodas que no admite respuesta. Al menos, absoluta.  ¿Y tú, qué opinas de la psicología del amor y del trabajo? ¿Infiel o fiel? ¿Preferencia o exigencia? Y que mejor forma de dar punto y seguido a este artículo que citando al mismísimo Sigmund Freud (padre del psicoanálisis y la psicología moderna) en su más que recomendable obra Psicología de las Masas: “No, nuestra ciencia no es una ilusión. En cambio, sí lo sería creer que podemos obtener en otra parte cualquiera lo que ella no nos puede dar.” Seas como seas, hagas lo que hagas, sobretodo, no le seas infiel a la PSICOLOGÍA.

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