No es oro todo lo que reluce

En los últimos días y como hecho generalizado a lo largo del tiempo, servidor y la gran mayoría de españoles nos hemos hecho eco del grave error cometido por la Policía Científica en el caso de la desaparición de los niños cordobeses Ruth y José. Pero, señores, llegados hasta este punto y, hablando claro, nada nuevo bajo el sol.

Como prácticamente todos sabemos, en un primer análisis, la Policía Científica concluyó que los huesos hallados en una hoguera de la finca de su familia pertenecen a huesos de animales. Un año más tarde y gracias a la colaboración de un perito privado, de cuyo nombre no quiero acordarme, se ha determinado que los restos óseos hallados en la hoguera de la finca de “Las Quemadillas” son huesos de humanos de entre dos y seis años de edad. De este modo, y aunque con un año de retraso, se ha podido corregir el error de la Policía Científica.

Esta lamentable actuación de errores inexcusables y, como consecuencia directa de ello, los diez meses de sufrimiento y tortura que ha tenido que pasar la madre de los hijos, ha intentado ser apaciguada con un simple comunicado en su boletín interno por parte del Sindicato Unificado de la Policía. Cabe recalcar que el comunicado va más allá de pedir disculpas públicamente a la familia afectada y señala que, desgraciadamente los errores también los ha cometido la perito que afirmo que los huesos eran de roedores,  el juez, el fiscal y el Jefe de Policía de Córdoba.  Sinceramente, parece un juego lamentable de pasarse la patata caliente. La famosa expresión popular “tú más” define a las mil maravillas esta caótica situación. Señores, todos metemos la pata alguna vez, lo que nos diferencia unos de otros es como la sacamos.

Pero, queridos lectores, esto no acaba aquí, basta con tener un poco de memoria y hacer un breve recorrido histórico sobre algunos de los casos que han acontecido en España. Sin ir más lejos, el caso de las tres niñas de “Alcasser”  de hace aproximadamente veinte años, que fueron violadas, torturadas y asesinadas cuando se dirigían a la discoteca de su pueblo.  ¿Cómo es posible que no se mantuviese la mínima vigilancia a uno de los principales sospechosos, Antonio Anglès, para que consiguiera escapar y fugarse?

Otro ejemplo más lo encontramos en el caso Wanninkhof.  Es un caso de error jurídico muy  grave que ocurrió cuando, en un ambiente de histeria popular creado por los medios de comunicación y en un juicio plagado de irregularidades por parte de las autoridades judiciales y policiales, Dolores Vázquez Mosquera fue declarada culpable por un jurado popular de la muerte de Rocío Wanninkhof quien había sido asesinada en octubre de 1999 cerca de Mijas, provincia de Málaga.

Unos años después se descubrió el error al resolverse otro asesinato posterior, el de la joven Sonia Carabantes, y descubrirse que el ADN del asesino de Sonia coincidía con el ADN encontrado en pruebas del caso Wanninkhof, en este caso de Tony Alexander King. ¿Quién asume la culpa de los 17 meses que estuvo ingresada en prisión Dolores Vázquez hasta que se descubrió que efectivamente ella no era culpable del asesinato?

Continuando por la misma línea, crítica o realista a juicio del lector, nos encontramos con el caso de 11 de Marzo.  No,  tranquilos, en este caso la Policía Científica no se  equivocó con el análisis de los restos de los explosivos. Aquí, ni llegaron a analizarlo por la sencilla razón de que ni se los enviaron y por consiguiente no hubo análisis de la Policía Científica.

Pero ese no es el problema, puesto que encargando un nuevo análisis para un nuevo informe se soluciona.  Lo grave de la situación se produce cuando algunos abogados pidieron ese nuevo informe y el Tribunal accedió a ello.

Los peritos nombrados se encontraron con dos hechos insólitos: los vagones de los trenes donde habían explosionado las bombas ya no existían (habían sido desguazados, sin autorización judicial, a los pocos días del atentado), y el resto de explosivos trascendentales para la resolución del caso habían desaparecido de las dependencias de la Policía.

Tampoco hace falta ir tan lejos, sólo basta con ver el caso de Marta del Castillo y ver como unos delincuentes de medio pelo se ríen día tras día de la justicia española y entorpecen la investigación a su gusto.

En conclusión, nadie dijo que la vida real fuera CSI, e incluso el hecho de equivocarse es humano, pero haciendo un breve repaso a algunos de los acontecimientos  importantes de nuestro país vemos que se han producido errores muy graves que han dado al traste la resolución del caso, y uno ya no sabe qué pensar.

Sin afán de notoriedad  y  sin acritud, creo que todos estos hechos deberían hacernos reflexionar más acerca de nuestro querido sistema judicial y si la libertad de expresión me lo permite, la inutilidad en muchos casos de los que en teoría garantizan nuestra protección y seguridad… Nos vemos en la próxima !!!

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