Mínimos democráticos

El pasado jueves el juez Pedraz, magistrado de la Audiencia Nacional, archivó la causa abierta contra los promotores de la manifestación del 25-S. En el auto, el juez acusa a la Brigada de Madrid de exagerar las cosas y además arremete contra la clase política. Pedraz afirma que no cabe prohibir la expresión de opiniones subjetivas sobre acontecimientos de actualidad, máxime ante la convenida decadencia de la denominada clase política.

Lamentablemente, es posible que tenga razón. Ahora, con esta crisis, hacen falta líderes fuertes, que guíen al resto de sus ciudadanos para salir adelante. Y creo que eso no lo podemos encontrar actualmente en la clase política.

De todas formas, el juez Pedraz no es quién para criticar a los políticos. No por él, sino por lo que es. Es un representante del poder judicial, que se caracteriza por su imparcialidad –aunque a veces sea difícil de creer–; la justicia debe ser ciega, no puede expresar sus opiniones.

El principio sobre el que se asienta todo el sistema democrático es el de la división de poderes. Elaborado por el barón de Montesquieu durante la Revolución Francesa, divide el poder, el imperium, en tres ramas: legislativo, ejecutivo y justicia. El primero hace las leyes, el segundo las aplica, y el tercero se ocupa de juzgar a quien no las observe.

Esta división no crea tres poderes, sino que divide uno en tres partes. Solo existe un poder, y es el que los ciudadanos ceden al Estado para que éste sirva al bien común. Sacrifican parte de su libertad en aras de la convivencia.

Pero Spain is diferent. Uno escribe la ley, que además es el mismo que gobierna y elije a los jueces. No es tolerable, en una democracia sana, que los partidos pacten los miembros del Constitucional o del Supremo. ¿Acaso se puede pactar la justicia?

Las brechas democráticas de nuestro país no acaban aquí. Se suele señalar el problema de las listas cerradas, o el sistema electoral que favorece el bipartidismo.

Por no señalar el escándalo del Senado, con el que día tras día se incumple la Constitución, esa que dicen amar tanto.

Es difícil afirmar que somos una democracia. Y lo peor es que a poca gente parece importarle. La política no deja de ser otra especie de deporte que seguir. Se pregunta a quién has votado de la misma manera que te preguntan si Barça o Madrid. Cada partido tiene sus propios incondicionales, hooligans, famosos que los apoyan.

En las tertulias políticas se pierde mucho tiempo discutiendo sobre las machadas fuera de lugar de los políticos, o sobre aspectos superficiales de su actuación. Llegan a parecer programas del corazón que hablan sobre los políticos. Cuesta encontrar analistas que digan algo más que los propios hechos.

La gran parte de la ciudadanía carece de idea alguna de lo que significa su voto, o de la diferencia entre Gobierno y Congreso. La ignorancia en materia política es extremedamente alta, y es una ventaja que se otorga para poder ser manipulados por unos medios, donde la objetividad brilla por su ausencia.

Es fácil criticar. Y no dudo de que nuestro sistema también tenga aspectos positivos. Pero el sistema sufre demasiados errores. Puede que ahora nos preocupe más la crisis o la inestabilidad económica, pero nuestra imagen en el exterior cada día que pasa está peor. Solo hace falta ver las fotografías de Samuel Aranda en el New York Times. La respuesta española fue de película: enviamos al Rey, que se ve que en EEUU lo respetan mucho.

0 thoughts on “Mínimos democráticos

  1. Realmente nos hemos de plantear si existe la democracia. Se supone que el PP gobierna y que crea sus leyes y decretos ley que luego en el Parlamento gracias a su mayoría absoluta aprueba. El problema es que la mayoría o una gran parte de leyes y reformas que ha realizado vienen impuestas desde Bruselas. El pueblo mediante el sufragio universal da potestad al PP para que les gobierne pero finalmente las decisiones las toma Bruselas, sin la colaboración de nuestro gobierno que sólo se limita a aplicarlas. ¿Es eso realmente democrático?. ¿Es democrático que un partido presente un programa y que su gestión sea totalmente contraria a lo prometido?.
    Lo que es obvio, por estos motivos y todos los que señalas en el artículo y algunos más, es que el sistema español sufre unas grandes carencias de democracia.
    Buen artículo, muy bien tratado el tema!

    1. La UE legisla (directa o indirectamente) alrededor del 60 % de las leyes estatales. Es cierto que la UE tiene un déficit democrático, aunque nuestros representantes los elegimos mediante unas elecciones.

      Pero, tienes razón, se habla muy poco de la Unión Europea a pesar del peso que tiene en nuestro ordenamiento.

  2. “Por no señalar el escándalo del Senado, con el que día tras día se incumple la Constitución, esa que dicen amar tanto.”

    A què et refereixes?

    pd: bon post!

    1. El Senado debería funcionar como cámara de representación territorial, y ahora mismo no es más que un lugar donde puedan pasar la tarde los políticos en el declive de su carrera. Gastamos dinero en algo que, en la práctica, no funciona.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *