México, sus reformas y la otra conquista

La revista Time definía México el pasado año como “the hot new emerging market” y parece que hay motivos para creer que estar en México es sinónimo de éxito.

El presidente Peña Nieto ha llevado a cabo el más ambicioso paquete de reformas sociales, políticas y económicas de la historia reciente del país. Se trata de once reformas estructurales entre las que destacan la reforma financiera, energética, educativa, fiscal, política y de las telecomunicaciones.

Como era previsible, algunas de ellas están engendrando una feroz resistencia, como abrir la reserva de petróleo de México a la inversión extranjera por primera vez en 75 años. Bajo la nueva ley, los extranjeros podrán otra vez explorar y extraer crudo mexicano para obtener beneficios –propuesta que choca frontalmente con aquellos que creen que el petróleo es de todos los mexicanos–.

El arquitecto de muchas de las mismas no es otro que Luis Videgaray, doctor del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y mano derecha de Peña Nieto, cuya principal encomienda es abrir la economía de la nación. Videgaray es consciente de que las reformas están en su fase inicial y que tienen el riesgo inherente de la economía sumergida, que supone más del 30% de la población activa y que tiene una clara necesidad de profesionalizarse.

Manuel Camacho Solís, miembro del senado mexicano, apuntaba en la revista Time que la agenda de Peña Nieto parece tener mayor éxito en Davos que en Xico (municipio del estado de Veracruz), “los inversores aplauden, los periódicos extranjeros aplauden, pero ¿por qué la imagen del Presidente sigue cayendo?” –alrededor del 60% de los mexicanos desaprueban el trabajo del gobernador en materia económica[1]–. Tener una de las mayores desigualdades sociales del mundo, con una diferencia entre ricos y pobres de 12.64 según el FMI (en Grecia, por ejemplo, se sitúa en 5.62); una ratio de homicidios cada 100,000 habitantes que, de acuerdo con la ONU, es de 22 (mientras en EEUU es de 4.7); o que solamente el 38% de los habitantes confíe en sus instituciones (la media en otros 36 países estudiados por el Banco Mundial es del 56%), son algunas respuestas al declive de la popularidad de Peña Nieto.

Sin embargo, parece que el proverbio «gobernar es rectificar» de Confucio no es aplicable al joven gobernante, que se mantiene firme. Para él, sus medidas tienen un horizonte mayor –sin importar lo que las encuestas dicen– en tanto que los cambios darán sus frutos a largo plazo. Siendo México el país más joven de la OCDE, con el 28% de sus habitantes por debajo de los quince años, parece que las nuevas generaciones serán los mayores beneficiados de las transformaciones del Presidente.

Según Time, Peña Nieto, que se refiere asimismo como un fresco y joven reformador es, a su vez, un producto de la elite que llevó al país hacia la ruina[2]. Su tío y su padrino fueron ambos gobernadores del estado de México. Además, forma parte del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó la nación durante 71 años.

En palabras de Ruchir Sharma, director de mercados emergentes de Morgan Stanley, “en la comunidad inversora de Wall Street, diría que México es de lejos la nación favorita ahora mismo”[3]. El aumento de los costes laborales en China ha hecho que los salarios mexicanos sean comparativamente más baratos, que junto a la disminución del entusiasmo exterior por la economía brasileña, ha situado el atractivo en México (la tasa de paro en Septiembre de este año se situaba en el 4.68%).

El 5 de febrero de este año, los bonos del estado obtuvieron una A por primera vez en su historia después que Moody’s revisara sus expectativas para el país. Se sitúa por encima de Brasil y es la segunda nación sudamericana en obtener una A, después de Chile.

En los últimos 15 años, España ha sido la tercera fuente de inversión extranjera de México a nivel mundial con más de 49 mil millones de dólares[4]. Pero la relación económica y comercial entre México y España va mucho más allá de las grandes fortunas del país azteca con presencia en la península. El gran interés de las corporaciones españolas en cruzar el charco, especialmente de la banca, merecen especial atención.

La lista de ricos con presencia en la península, empieza por Carlos Slim miembro del patronato de la Fundación La Caixa y dueño de 439 oficinas de la entidad. Además de ser el propietario del Real Oviedo y poseer el 25% de la constructora FCC, también tiene presencia en un 3,32% en el Grupo Prisa y un porcentaje minoritario de Gas Natural Fenosa. Alberto Baillères, segunda fortuna del país, compró recientemente la finca Los Guateles situada en Cáceres. La familia Arango, propietaria (junto con Goldman Sachs) del Grupo Vips en España. Jorge Díaz Estrada, que ya posee el inmueble que alberga la tienda de Apple en Madrid, anunció la apertura de un hotel de cinco estrellas en la Gran Vía de la capital. David Martínez, gerente del fondo de inversión Fintech, posee una porción del Banco Sabadell valorado en 460 millones. Los hermanos Torrado, propietarios del Grupo Zena (Foster’s Hollywood).

Los Reyes de España junto al Presidente y la primera dama, el pasado junio

La banca española también ha puesto el foco en México donde existe una enorme falta de bancarización (sólo el 40% de la población utiliza los servicios bancarios y menos del 5% es considerado sujeto de crédito).

El banco español más grande en territorio azteca es BBVA Bancomer seguido por el Santander. Pero hay otros. El Sabadell también ha llegado para quedarse gracias a Sabadell Capital, una SOFOM (sociedad contemplada en la legislación mexicana cuyo objetivo principal es el otorgamiento de crédito) con la que desarrollará banca corporativa dividida por sectores.

Otros bancos en el país como CaixaBank o el Banco Popular cuentan con una presencia indirecta a través de participaciones minoritarias en Inbursa y Banco Ve Por Más (Bx+), respectivamente.

Los bancos, además, se muestran optimistas respecto a las enmiendas de Peña Nieto, sobre todo la energética ya que abre muchas posibilidades para nuevos inversores. Según estos, la citada inversión se traducirá en más empleo y, por tanto, mayor capacidad adquisitiva del cliente con lo que será más apto para consumir los productos básicos bancarios, como el crédito.

También deberán estar alerta a las evoluciones de la nación azteca las constructoras y energéticas españolas, especialmente ACS, Gas Natural Fenosa, FCC, Acciona, Iberdrola, Sacyr, OHL e Isolux Corsan, que gozan de una notable reputación y pueden beneficiarse de oportunidades en campos como la infraestructura y la energía.

Ferrovial, que aún no está presente en el país, ha expresado su interés en entrar a través de los planes de inversión en infraestructuras. Enagás, por su parte, presente desde 2011, lo considera ya como territorio clave tras la reforma energética[5].

Parece ser que México no deja indiferente a nadie, especialmente al foráneo. Al mismo tiempo, la paciencia del ciudadano local está empezando a agotarse. Peña Nieto salió vivo tras las elecciones intermedias de 2015[6], pero ya ha realizado varios cambios en su ejecutivo pensando en la cita de 2018[7]. Habrá que esperar. La carrera hacia las elecciones presidenciales de 2018 va a ser muy larga…

 

Referencias

[1] http://www.vanguardia.com.mx/desaprueban60demexicanoslalineaeconomicadepenapew-2149749.html

[2] http://www.adnpolitico.com/gobierno/2014/02/17/6-criticas-al-gobierno-de-pena-en-el-articulo-de-time

[3] http://content.time.com/time/magazine/article/0,9171,2165465-1,00.html

[4] http://www.notimex.com.mx/acciones/verNota.php?clv=304882

[5] https://www.capitalmadrid.com/2014/10/29/35795/las-empresas-espanolas-apuestan-por-mexico.html

[6] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/06/150607_mexico_elecciones_intermedias_resultados_analisis_pena_nieto_jp

[7] http://internacional.elpais.com/internacional/2015/08/27/actualidad/1440704084_184181.html

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