Más allá de los números

Una de las cosas que he ido entendiendo con el paso del tiempo es que por muchos números que quieras mostrar, siempre los acabas dirigiendo hacia donde te propones y al final te acabas creyendo que con aquellas cifras puedes ir al fin del mundo. Pues bien, eso en muchas ocasiones es totalmente cierto, pero en otras ocasiones el invento se viene abajo. Según mi parecer, la inmigración y sus efectos son una de esas ocasiones.

Cuando escucho a alguien de aquí decir que los inmigrantes le han robado el trabajo no sé cómo reaccionar, si felicitarle por su sentido del humor o si intentar explicarle cuatro fundamentos de economía. Como entenderéis suelo entrar al trapo y preguntarle en qué se diferencia su capacidad de trabajo, de la del inmigrante. Su respuesta se hace de rogar, hasta que entiendo que no habrá respuesta. Efectivamente, hemos dado con la primera cuestión.

Cuando nosotros compramos un producto en una tienda suele ser por dos grandes motivos: Diferenciación (compramos Coca-Cola porque es única y pagaríamos más por seguir consumiéndola) o por liderazgo en costes (compramos Cola de marca blanca ya que no valoramos nada más allá que el precio). Si cambiamos los refrescos de Cola por trabajo contratado obtenemos un paralelismo que se puede dar en un gran número de mercados. Como os estáis imaginando, el trabajo del señor de aquí no aportaba nada en cuanto a diferenciación ya sea su experiencia (cosa que la podría haber puesto en valor para poder ganar poder de negociación) o su integración a la cultura de trabajo (en sectores específicos puede ser una gran baza a tener en cuenta). ¿Qué pasó? Que para el puesto de trabajo que había perdido debía competir de otro modo, aportando una diferencia que el trabajador inmigrante podía jugar, un menor coste salarial.

Podemos entrar en cuestiones éticas en las que no me veo con autoridad para debatir, pero entendiendo el mercado laboral español como rígido, protegido y extremadamente regulado (con las sucesivas reformas está cambiando), la entrada de nuevos demandantes de trabajo y en la mayoría de las ocasiones de perfil muy bajo de titulación hacía que los que durante la burbuja creyeron haber mejorado su posición relativa en el mercado laboral tuvieran un duro despertar. Tenemos muchos ejemplos como la construcción o la recogida de fruta en la que la diferenciación es difícil y es por ello que los trabajadores competimos en salarios (siempre y cuando no hablemos de productos de la tierra o construcciones en las que se busque un valor añadido del estilo exclusivo o premium).

Con esto no quiero decir que este tipo de trabajadores hicieron mal en no formarse y optar por trabajar sin aportar valor añadido, sino que quizás la situación actual de alto desempleo en sectores determinados de la sociedad va ligados no a la entrada de inmigrantes con opción a bajos salarios, sino a no haber podido diferenciarse mediante experiencia o formación continua. Siempre hay excepciones y el mismo rasero no vale para todos, sin lugar a dudas.

Con este post no busco dar lecciones a nadie ni hacerme el listo a toro pasado, intento ponerme en la piel de alguien que con altas probabilidades acabará emigrando hacia otros países que intuimos más formados y espero no olvidar lo vivido en este país. La inmigración ni es buena ni es mala, debería ser algo totalmente libre y normalizado, en la que individuos, empresas y estados puedan relacionarse y organizarse de manera eficiente para producir la mayor cantidad de riqueza para la sociedad.

Al decir mayor riqueza muchos pensamos en beneficio privado y especulativo, y no siempre van por ahí los tiros. Si permites que muchas empresas se instalen en tu zona, pagarán más impuestos para ayudar a la gente necesitada. Si permites que los trabajadores se muevan de zonas más saturadas en cuanto a demanda laboral a otras con más opciones laborales, estás permitiendo la corrección del exceso de trabajadores y con su efecto correspondiente en salarios y ocupación. La mayoría de situaciones las podemos responder con situaciones en las que el equilibrio de la oferta y la demanda se ven afectados ya sean por burbujas (como en España), acción del estado (subvenciones ineficientes tipo AVE, contratación de obra pública sin sentido…) o irregularidades del mercado como monopolios etc.

Entiendo que la crisis que está sufriendo España es algo más complejo que lo expuesto anteriormente. Pero no debemos olvidar las dos grandes opciones para vendernos, o somos mejores o somos más baratos. Los campeones en ser baratos ya sabéis que tienen un nombre y apellido muy claro “Made in China”, así que por lo que pueda pasar, mejor optemos por quejarnos menos y buscar qué podemos aportar, y en muchas ocasiones es ir más allá de los números…

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