Lo que la crisis esconde: ¿quién manda aquí?

Una de las conclusiones que podríamos sacar de la gestión de esta crisis que llevamos años sufriendo es que aquí no manda nadie. O, al menos, no de manera hegemónica.

El poder económico, el poder político y el poder de los medios de comunicación está cambiando con esta crisis, o como consecuencia de la misma, y hoy es más disperso y precario que nunca. A veces se dice que esta crisis severa que atravesamos está arrasando con todo. El concepto clásico de poder, tal como lo veníamos entendiendo, no se libra de los azotes de la crisis.

Algunos, no sé si optimistas o cándidos, lo verán como mayor democratización de las relaciones económicas mundiales. Pero parece que este fenómeno, tan real como posiblemente irresoluble, lo hace todo más lento y difícil.

La globalización  de la economía en las últimas décadas ha provocado que el poder económico se haya difuminado y repartido entre muchos agentes: los gobiernos de las mayores potencias del mundo, los gobernadores de los bancos centrales, los organismos económicos internacionales, las grandes compañías multinacionales, los fondos de inversión, las agencias de rating, los grandes bancos, los fondos soberanos… Todos y cada uno de ellos pueden tener un gran poder, pero ninguno dispone de un poder suficiente como para liderar la economía mundial y señalar de manera unilateral el camino a seguir.

Al poder político le ocurre algo parecido. Cada día que pasa, existe una mayor atomización de los poderes políticos y más distancia entre las aspiraciones de la sociedad civil y las decisiones y comportamientos de sus legítimos representantes, los políticos.

Todos los estudios de opinión en los países democráticos -en el resto, el problema es más grave aún- ponen de manifiesto que los políticos son una de las principales preocupaciones de los ciudadanos. La mayoría considera que los partidos y gobernantes no tienen realmente en cuenta a la gente a la hora de tomar las decisiones.

En la medida que la distancia entre los ciudadanos y sus representantes (gobernantes, partidos políticos, sindicatos…)  se incrementa, el poder político es más percibido como un problema que como una solución.

Y la crisis económica ha agudizado esta percepción. Crece el número de personas que piensa que los políticos sólo se preocupan de ganar las elecciones, conseguir el poder y conservarlo, y no en cambio de solucionar los problemas de la gente.

¿Y qué está pasando con otro poder clásico en las sociedades occidentales, el de los medios de comunicación? ¿Siguen ejerciendo su función de “contrapoder” de los poderes político y económico?

Desde la Revolución Francesa, coincidiendo con su eclosión como órganos de opinión, los medios de comunicación se posicionaron como agentes clave para alcanzar el ideal de
equilibrio entre poderes.

Durante más de dos siglos, los medios han monopolizado los canales de relación entre el poder y los ciudadanos. Sin embargo, la actual crisis económica ha precipitado unos cambios que ponen en jaque la solvencia y rentabilidad de los medios de comunicación y, por tanto, su fuerza e independencia para seguir actuando como “contrapoder”.

Las grandes empresas de comunicación en Estados Unidos y en Europa se enfrentan a un nuevo entorno completamente distinto al conocido hace cinco años. Se multiplican los actores en el sector, los ciudadanos cada vez leen menos periódicos de papel, los ingresos de publicidad caen año tras año, y, por si fuera poco, se ponen a disposición de los ciudadanos nuevos medios capaces de suplir y diversificar las fuentes informativas. Y de hacerlo en cualquier parte, en cualquier momento, y gratuitamente.

Hasta hace poco, en la regeneración de cualquier anomalía del poder político o económico se podía contar con la intervención del poder de los medios de comunicación. De esta manera, la prensa, el denominado “cuarto poder”, ejercía el sistema de vigilancia permanente, que es una de sus razones de ser. Esto, ocurre ahora cada vez menos.

Por tanto, la crisis, larvada durante años, y desatada en agosto del 2007, está teniendo un efecto más, un efecto invisible y silencioso, del que muy poco se habla, igual de grave que otros, pero menos evidente. Se está rompiendo el sistema de pesos y contrapesos de poderes que tradicionalmente daban estabilidad, seguridad y transparencia a las sociedades occidentales. Un sistema de equilibrio entre distintos poderes, todos ellos fuertes, claros e identificables, que ejercían de guía y de sostén de la democracia.

En estos momentos, ese equilibrio se ha quebrado, cada uno de esos poderes es más débil y atomizado, y todos ellos buscan salir de la crisis por su cuenta y con alguna situación de ventaja.

En estos años, las redes sociales han emergido, y ahora crecen y se multiplican vertiginosamente. De acuerdo con las leyes básicas de la física, están ocupando algunos espacios libres de poder, de comunicación y de representación de la sociedad.

Pero están en una selva, donde la densidad y el ruido hacen muy difícil distinguir la frivolidad del rigor, y donde es fácil oír pero difícil escuchar con nitidez qué se dice y en nombre de quiénes.

Y, mientras tanto, aquí no manda nadie…

0 thoughts on “Lo que la crisis esconde: ¿quién manda aquí?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *