Las grandes empresas y las verdades obvias de Hart

Uno de los filósofos del derecho más influyentes del siglo XX, H.L.A Hart, y en un contexto de debate sobre la necesidad de si todos necesitamos o no de la existencia de un Estado, dijo que hay un conjunto de afirmaciones sobre los seres humanos que son indudablemente verdaderas. Entonces, afirma Hart, mientras los seres humanos sigan teniendo el propósito común de la supervivencia y mientras sigan siendo como son, hay razones para sostener que hay un “mínimo común normativo” del que todos se benefician. [1]

Las comentadas verdades obvias que enunció Hart – y que no distan mucho de las que en su día ofreció Hume- son las siguientes:

  • Los seres humanos son vulnerables a los ataques físicos.
  • Los seres humanos son aproximadamente iguales.
  • Los seres humanos tienen un altruismo limitado (no son ángeles ni demonios).
  • Los seres humanos tienen recursos limitados.
  • Los seres humanos tienen comprensión y fuerza de voluntad limitadas.

Pues bien, ahora que de nuevo el debate sobre la desigualdad y el papel de los ricos/grandes multinacionales está en numerosas tertulias y periódicos –y aunque la siguiente comparación pueda sorprender al lector- me gustaría plantear algunas de las similitudes que veo entre las verdades obvias de Hart y la situación de las grandes empresas.

Desde esta óptica, y reformulando las afirmaciones de Hart, podría decirse que las grandes empresas son vulnerables –a la legislación, en especial-. Obviamente una legislación que no facilite su actividad y que le imponga un tipo impositivo sobre beneficios muy alto ahuyenta a dicha empresa. Son aproximadamente iguales: tienen en común que son “grandes”, es decir que tienen más de 250 trabajadores. No son ángeles ni demonios (lo veremos en más detalle más adelante). Y tienen recursos limitados, algunas más escasos y otras menos, pero al fin y al cabo, nunca infinitos.

Dado que la cantidad de información que nos llega sobre el tema es gigantesca y que muchos ya conocemos cuál es la postura de cada una de las teorías económicas y otras ciencias sociales (o incluso naturales) sobre dicha materia, he querido, a través de un conjunto de noticias inconnexas pero relevantes, dar mi punto de vista sobre la cuestión. La base de mi idea es que, en conjunto, las grandes empresas tienen actitudes de dudosa aceptación en temas de índole moral, mientras que aportan beneficios desde un punto de vista económico.

Grandes empresas, ni ángeles ni demonios

ACTITUDES DE DUDOSA ACEPTACIÓN

La sociedad tiende a relacionar grandes empresas con explotación laboral. En especial, parece que ciertas multinacionales cuentan con proveedores sospechosos de someter a sus trabajadores a unas condiciones de trabajo inaceptables. Me gustaría recordar el derrumbe del edificio conocido como Rana Plaza en Bangladesh que se produjo hace menos de dos años y en el que murieron más de 1100 personas. En un recomendable reportaje llamado “la industria low cost[2]  retransmitido por tv3 poco tiempo después de la catástrofe, se deducen ciertas  violaciones de derechos humanos en algunas de las fábricas relacionadas con multinacionales occidentales. Durante éste, y aunque no hay pruebas definitivas de ello, se habla de una posible conexión entre Carrefour (o bien otra multinacional danesa llamada Shine Fashion) y marcas de ropa fabricadas allí, como Texman. Esos proveedores –y las posibles multinacionales que se encuentran detrás de ellos- se aprovechan de la opacidad que caracteriza el circuito textil por un lado, y de la laxitud con la que actuan los gobiernos poco democráticos y muy corrumpidos de estos países. Es un escenario aparentemente ideal para permitir unas condiciones indignas de trabajo.

No obstante, es cierto que las grandes empresas nunca han aceptado conexión alguna con dichas prácticas e incluso algunas han firmado planes de prevención por parte de inspectores independientes. En todo caso, y aceptando la hipótesis de que las multinacionales estén detrás de estas actividades, ¿hasta qué punto podríamos culpabilizar a las grandes empresas y no a los gobiernos de estos países por lo que está ocurriendo?. Y por otro lado, ¿alguien cree que el ciudadano occidental cambia sus preferencias comerciales por conocer casos como éste?

En el seno de este debate, sería lógico que aflorara la discusión sobre si la gente de estos países vive mejor en el campo o en las fábricas de las urbes sometidos a duras condiciones de trabajo [3]. Y en este último caso, si ello sería motivo suficiente para justificar según qué práctica. Aunque esto no sea hoy el objeto de mi reflexión, me gustaría establecer cierto paralelismo entre la situación de estos países en “proceso de industrialización” y la curva de desigualdad de Simon Kuznets. Esta curva, que tiene forma de U invertida, viene a decir que la desigualdad económica aumenta durante el periodo en que el país se encuentra en vías de desarrollo, mientras que una vez superado este tiempo, ya con una renta per cápita mayor, la desigualdad vuelve a disminuir. Quizás esto dé motivos para la esperanza en algunos países.

BENEFICIOS ECONÓMICOS

Cambiamos radicalmente de tema. Por mucho que algunos, sus motivos tendrán, entiendan que hay que beneficiar a las pequeñas y medianas empresas (en adelante, pymes) a costa de las multinacionales –me cuesta, a veces, entender por qué ser un país de pequeñas empresas es un motivo de orgullo para muchos- no puedo más que salir en defensa de las últimas, y no me gustaría terminar este artículo sin comentar alguna de sus bondades, muchas de las cuáles son, a menudo, escondidas.

A modo de ejemplo, se suele acusar a las multinacionales de aprovechar la reforma laboral aprobada por el gobierno del Partido Popular –que iba en la dirección de abaratar el despido- para realizar una reducción en el coste de plantilla y aumentar márgenes. Pues bien, los datos de destrucción de empleo según el número de trabajadores de la empresa ponen luz sobre el asunto. Y parece que, aunque sí sea cierto que las plantillas se han visto reducidas entre 2011 y 2013 en las grandes empresas, el volumen de destrucción de empleo en las pymes ha sido mucho mayor. Aun así tampoco se puede obviar que hay por lo menos un matiz que debe tenerse en cuenta: hay que diferenciar entre los despidos para evitar la quiebra de la empresa (más común en las pymes) respecto de aquellos que se hacen para aumentar márgenes y rentabilidad (caso grandes empresas). Pero debe considerarse también que el hecho de que las grandes empresas aumenten beneficios tiene una consecuencia positiva en las arcas públicas.

En todo caso se puede afirmar que las pymes han hecho un mayor uso de la reforma laboral que las grandes empresas, como se ve en la siguiente tabla [4].

Otra de las discusiones más frecuentes es la siguiente: ¿por qué estamos permitiendo que las empresas multinacionales paguen un tipo impositivo efectivo –no nominal- de poco más del 5% mientras que las pymes pagan un 16%? [5] Es discutible que ello sea así, pero es ingenuo pensar que las multinacionales permanecerían con la misma actividad en nuestro país si les quitáramos gran parte de las deducciones, exenciones y otros beneficios fiscales, mecanismo a través de los cuáles los expertos en asesoría fiscal les permiten esta drástica reducción del tipo impositivo del Impuesto de Sociedades [6]. Difícilmente una política de este tipo funcionaría si no fuese, por lo menos, a nivel europeo.

En este sentido, fijémonos en la distribución de los ingresos del Impuesto de Sociedades según el número de trabajadores de las empresas [7]. El 0,1 % de las empresas (las que ingresan más de 180 M € al año) que tributan en España contribuyen un 50% en los ingresos del Impuesto de Sociedades. Porcentaje que sube hasta un 80% si sumamos las que han ingresado entre 12 y 180 M € al año. No cabe duda pues, que la contribución a las arcas públicas de las grandes empresas es nada menospreciable.

Conclusiones

Quise, para introducir el tema, establecer una comparación entre grandes empresas y las verdades obvias de los seres humanos formuladas por el filósofo Hart. Sin duda es una comparación extraña que muchos pueden no compartir, o simplemente considerarla absurda. Ello me sirvió, por lo menos, para introducir la problemática de las grandes empresas.

En primer lugar vimos que algunas multinacionales han sido acusadas de actuar con una actitud moralmente reprochable. Accidentes como el derrumbe de Rana Plaza, en Bangladesh (u otros de menos actuales como el desastre de Bophal, considerado el desastre industrial más grave de la historia, en 1984, tras una fuga de isocianato de metilo en una fábrica propiedad de una gran empresa estadounidense) ponen de relieve que en algunos casos se están permitiendo unas condiciones de trabajo indignas.

Por otro lado, y dado que el contexto de crisis económica ha provocado que la imagen de las grandes empresas empeore por momentos, he querido apuntar algunas de las bondades que éstas aportan.  En este sentido, me gustaría reiterarme –ya hablé de sus ventajas en publicaciones anteriores, véase este enlace– en que modelos como el de Irlanda, de baja fiscalidad y facilidades a las grandes empresas, son de éxito.

Empeñarse en el discurso de subir impuestos a las grandes empresas te puede dar votos, pero difícilmente te dará más ingresos. Además, la actividad económica, la creación de puestos de trabajo y la innovación, entre otras, se verían probablemente perjudicadas por una política de este tipo.

Agradecimientos a Josep Bosch Plana,por su colaboración

Referencias

[1] Vilajosana, Josep Mª. , Identificación y justificación del derecho, Marcial Pons, p. 134

[2] https://www.youtube.com/watch?v=g7eqN0BS5mE

[3] http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5939

[4] http://www.libremercado.com/2014-10-26/juan-ramon-rallo-quien-se-ha-beneficiado-mas-de-la-reforma-laboral-73841/

[5]http://www.ccma.cat/324/el-frau-de-les-gran-empreses-espanyoles-en-paradisos-fiscals-augmenta-mes-dun-200-en-un-any/noticia/2647697/

[6] http://www.rankia.com/blog/asesor-fiscal/2244570-hacienda-rebajara-tipo-nominal-impuesto-sociedades

[7] http://www.libremercado.com/2014-12-04/las-grandes-empresas-pagan-en-impuestos-3000-veces-mas-que-las-pymes-1276535184/

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