La Universidad y el mercado laboral

Son muchas las veces que he pensado escribir sobre el tema pero pocas las situaciones en las que me he sentido con la suficiente autoridad para alzar la voz en favor de los estudiantes y de su porvenir tras el periodo universitario. No se puede negar ni mirar hacia otro lado cuando abordamos la problemática del paro juvenil y en especial de aquellos formados a niveles superiores ya que la inversión de la sociedad ha sido considerable. Cuando comentamos en casa la situación que el país está atravesando, hay un dato que siempre trato de recordar: El fracaso escolar y todas las derivadas que podamos sacar de esto como la bajada de estándares generalizada, el paternalismo excesivo en la educación o la indigna gestión política de las sucesivas leyes educativas. ¿Cómo no vamos a estar así, si la fase anterior al mercado laboral hace aguas por todos los lados?

Los males son varios durante las diferentes fases de la educación en el estado español y todos culminan en la universidad, institución que desde su fundación acarrea todas las deficiencias posibles como la ineficiente inversión y la nula competitividad en el mercado educativo y laboral. No estoy justificando los recortes, al contrario, no considero que el problema de la universidad sea de gasto, sino de enfoque. Como cualquier empresa, la universidad debe tener una misión que exponga qué fin persigue. Por ejemplo, la Universitat Pompeu Fabra expone que su modelo se basa en una docencia de calidad, una búsqueda de la excelencia y una proyección internacional. Por otro lado, su competidora más directa en la ciudad condal para los estudiantes de economía y empresa, ESADE dice que pretende formar a personas con un alto nivel de competencia profesional, conscientes de sus responsabilidades como ciudadanos del propio país y del mundo, sensibles a la solidaridad y a la justicia social, y capaces de comprometerse en proyectos colectivos. Estamos de acuerdo que establecer una estrategia no vale dinero y que una de las dos encara a sus estudiantes al mercado laboral de un modo más directo.

Bien, ahora el lector dirá que ESADE es privada y la UPF pública, que hay una alta diferencia de ingresos y que si no me gustaba la misión de mi universidad, que hubiera buscado otra que satisficiera mis preferencias. Quizás, pero a un mes de finalizar los estudios en la mejor etapa educativa que podría haber tenido, creo que somos muchos los estudiantes que nos consideramos competentes y vemos con una cierta lástima como nuestras prioridades laborales no son las mismas que las de la universidad. Y no sólo eso, la docencia y la experiencia que hemos vivido ha sido tan exquisita y enriquecedora que nos negamos a que se falle en la última fase del estudiante, la inserción al mercado laboral. Ahí es donde se mide el éxito de una universidad, en la consecución de puestos laborales TOP de sus estudiantes.

La gran mayoría de estudiantes, acude a la universidad para mejorar su posición en el mercado laboral el día de mañana, negar la realidad sería una torpeza. Hay un porcentaje que desea continuar sus estudios con educación de postgrado y también se les debe tener en cuenta. De hecho, la universidad pública tiene un gran problema de incentivos. Nadie rinde cuentas a la universidad si sus alumnos no consiguen un puesto de trabajo (ni se les ha preparado para ello), al contrario. El verdadero negocio está surgiendo con los másters, doctorados y demás cursos. Está claro que si el estudiante no sale preparado para competir, hará lo que la gran mayoría está haciendo, comprar un máster. Cuando el máster deje de ser una ventaja competitiva, la situación volverá a ser la misma que la actual.

Digo universidad pública y no privada ya que si me dispongo a pagar una carrera por 60.000€ mínimo, querré recuperar la inversión a toda costa a través del mejor trabajo posible. Otro tema es la calidad de enseñanza, pero asumiendo un mercado competitivo, la calidad se da por seguro ya que la reputación es un fuerte mecanismo de auto exigencia, Quizás si establecemos un modelo de universidades privadas en aquellas materias más enfocadas al sector privado ganemos todos. Las instituciones compitiendo, el estado destinando el dinero necesario para cubrir las matrículas con becas y las instituciones públicas para dedicarse a la investigación a través de partnerships con empresas del sector como sucede en Estados Unidos.

Como se está viendo, público no significa gratuito y cada vez menos significa universal. Presión fiscal por las nubes y matrículas a precio de oro. Quizás podríamos dejar que se compitiera, con una regulación que no dejara formarse monopolios en el mercado y podría ser que surgieran sorpresas como eficiencias y reducciones de gastos de donde ahora sería inimaginable. Que no os suene a liberal de tercera ya que toda la sociedad está destinando grandes cantidades a la educación y los frutos no se ven, quizás el problema no es de gasto, es de enfoque.

El sistema es sencillo, un potente sistema de becas y unas instituciones con incentivos claros a la inserción laboral. Como estudiante, uno ve que cuando la burocracia del sistema público se mueve, el privado ya ha dado diez pasos hacia adelante. El mercado es flexible, exigente, cambiante y competitivo, podemos prepararnos de verdad o mostramos la bandera blanca y dejamos que los gobiernos nos dirijan a un sistema regularizado y ruinoso como en el que estamos entrando. Así que por favor, no me hablen de mercantilización de la universidad cuando todos buscamos en la formación un mejor futuro laboral. Dejemos de ser hipócritas y trabajemos para que todos los estudiantes puedan aportar valor desde el primer día a la sociedad desde su puesto de trabajo. Ganará el estudiante pero sobretodo, la sociedad.

No olviden la siguiente cita, “Si la educación le parece cara, pruebe con la ignorancia.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *