La historia ya no la escriben los ganadores

Fotografía de la película animada Up coproducida por Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios 

A lo largo de la Historia, la sociedad ha sido dividida, en innumerables ocasiones, entre ganadores y perdedores. Bajo el supuesto de que “la historia la escriben los vencedores”, vamos a procurar deconstruir y cambiar la historia del fracaso desde el principio. De las antiguas palabras exitus y defectum, nacieron dos conceptos teóricamente antagónicos: éxito y fracaso. Aunque su origen etimológico parece desvelar significados opuestos, sus caminos están paradójicamente entrelazados. Durante muchos años, se ha construido una sociedad en donde el fracaso no era más que un componente cultural capaz de discriminar negativamente a una gran parte de la población. Paralelamente, el éxito ha conseguido acaparar toda aprobación social y mediática con la finalidad de forjar una generación de supuestos ganadores. Sin embargo, esta concepción dicotómica y excesivamente reduccionista no ha conseguido encajar en la filosofía emprendedora de Estados Unidos, un país con grandes oportunidades de fracaso.

En la actualidad, compañías de gran repercusión internacional como Pixar Animation Studios y  Walt Disney Company han empezado a aplicar con mucho éxito una política contractual que identifica el fracaso como una virtud idónea para discernir entre potenciales candidatos. Si bien es cierto que por mera lógica nadie quiere fracasar, dicho fracaso parece evidenciar una aptitud mucho más compleja de lo que inicialmente puede aparentar hasta el punto de resultar determinante en el proceso de selección. A efectos prácticos, si la empresa duda entre dos candidatos, escogerá a un trabajador que ha fracasado por delante de alguien que ni tan si quiera lo ha intentado. El miedo al fracaso es el mayor obstáculo al emprendimiento y es por ello que salir de la zona de confort y adentrarse en lo desconocido suele estar premiado tanto a nivel personal como profesional.

Según datos del 2014 generados por el Global Enterpreneurship Monitor (GEM), un 7,09% de los españoles pretende emprender mientras que un 38,03% considera que el miedo al fracaso es una barrera insuperable en la consecución de un proyecto. A modo de comparación, un 12,08% de los estadounidenses quiere emprender, habiendo un 29.66% de la población que asume sentir miedo al fracaso.[1] Asimismo, se calcula que para que un emprendedor alcance su primer triunfo, debe haber fracaso en media 3,75 veces.[2]  Con esa misma finalidad, se está difundiendo en Internet un eslogan rupturista, procedente de Silicon Valley, que insiste en la importancia de fracasar lo antes posible. Cuanto antes se pierda, más tiempo habrá para ganar puesto que cada derrota profesional conlleva una victoria de enriquecimiento y experiencia personal.

            

 Gráfico de la voluntad de emprender generado por el GEM  

 

Gráfico del miedo al fracaso generado por el GEM

En términos de psicología conductual, afrontar y superar el fracaso está intrínsecamente asociado a una actitud vitalista fundamentada en la resistencia, la fuerza, la audacia y la confianza. Lidiar con las dificultades propias de la vida demuestra un carácter luchador y una inteligencia emocionalmente resolutiva. En contraposición, existen elementos psicológicos como la aversión al riesgo, la dependencia o la voluntad débil que restringen la capacidad de respuesta y desarrollo. Mientras que el coraje incentiva el aprendizaje, el miedo genera incertidumbre en la aventura de lo desconocido.

La superación del miedo al fracaso yace en descubrir cuál es realmente el origen de dicho miedo al mismo tiempo que transformamos la concepción cultural del fracaso en  un nuevo éxito. Para ello, es fundamental una renovada construcción social entorno a la voluntad de vencer el miedo y asumir el fracaso. El compañerismo, la solidaridad y la empatía son ya de por sí un éxito. Cualquier miedo implica que la sociedad está perdiendo algo de gran valor y el primer paso para recuperarlo es asumir colectivamente que el fracaso es una potencial vía de éxito.

Aquellos que evitan el fracaso, raramente experimentarán el éxito. En consecuencia, deberíamos apoyar como sociedad a todas aquellas personas que ante todo arriesgan, independientemente de cual sea el resultado. A modo de ejemplo,  Michael Jordan, uno de los grandes mitos del baloncesto, reconoció en un anuncio de Nike que fallar  9.000 tiros en su carrera y perder casi 300 partidos fueron fracasos necesarios para acabar alcanzando el éxito.[3]  Tampoco el mundo podría haber conocido las grandes historias de Wall-e, Toy Story o Up si no fuera por la persistencia de Walt Disney después de haber sido despedido al carecer de buenas ideas e imaginación. Gracias a ello, el transcurso del tiempo colocó al imperio cinematográfico de Disney en lo más alto.

A lo largo de la historia, también fracasaron Abraham Lincoln, Stephen King, Marcel Proust, Bill Gates o Steve Jobs. Todos ellos fracasaron en sus primeros pasos pero no dejaron de luchar activamente por sus sueños hasta acabar triunfando de la mejor manera posible: venciendo el miedo y cultivando la esperanza. Porque tal y como dijo Confucio, la gloria no consiste en no fracasar nunca sino en levantarnos cada vez que fracasamos.

Referencias

[1] Base de datos extraida de la página de GEM: http://www.gemconsortium.org/data/key-indicators

[2] http://www.energiacreadora.es/ec-11/el-miedo-al-fracaso/

[3] Anuncio Michael Jordan Failure de Nike (https://www.youtube.com/watch?v=JA7G7AV-LT8)

Víctor Costa, estudiante de Tercero de Economía y editor en prácticas de la Sección de Economía de La Vanguardia.

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