Exámenes PISA: ¿cómo mantenerse relevante?

¿Qué es el PISA?, y más importante aún, ¿es necesario saberlo? El ‘Program for International Student Assesment’ (PISA) es un estudio llevado a cabo por la OECD sobre el nivel educativo de los estudiantes de 15 años, tanto de los países miembros de la organización como de algunos que no lo son. Dicho análisis se centra en las áreas de las matemáticas, la ciencia y la lectura, basándose en una serie de test para hacer la evaluación.

Los resultados del PISA, con clasificación de países incluida, se convierten, cada tres años, en el centro de atención y disputa en gran parte de los medios internacionales de los diferentes países participantes: en algunos se alzan rápidamente cabezas orgullosas y satisfechas; en otros comienza una larga serie de críticas contra la metodología, las trampas de otros países (siempre unas posiciones por delante) o la poca importancia de los resultados; en un tercer y último grupo de países ocurre la situación en la que nadie se da por aludido y simplemente se intenta evitar el tema, sin dar cuerda al debate. Dentro de lo que cabe tratamos de hacer tres cosas: en primer lugar, acabamos la breve introducción al PISA; a continuación comentamos las controversias que lo rodean; y finalmente, añadimos un cuarto grupo en la escena de reacciones internacionales, un grupo compuesto únicamente por la ciudad de Shanghái, con la peculiaridad de que ésta sale victoriosa pero no orgullosa de la victoria.

[3] Clasificación del PISA 2006 y 2012 (únicamente de matemáticas y lectura)

El PISA cuenta cinco ediciones desde que comenzó en el año 2000, llegando a convertirse en una de las grandes referencias en cuanto a la evaluación de la educación de los jóvenes internacionalmente. Sin embargo, es en los últimos años cuando han crecido las críticas contra el PISA, las más potentes viniendo desde el mundo anglosajón. Por ejemplo, en mayo de 2014 un grupo de académicos de todo el mundo publicó en The Guardian una carta expresando preocupación por las consecuencias de estos exámenes y de la correspondiente clasificación, pidiendo un periodo de debate y reflexión antes de la edición de 2015. En particular, las voces contrarias han criticado lo siguiente:  (1) la promoción de la evaluación tipo test que genera el PISA; (2) la concentración por parte de los países en objetivos a corto plazo (aplicar medidas para solamente subir en los rankings), cuando es posible que no sea lo mejor a largo; (3) la conexión de la OECD con multinacionales que podrían comprometer la objetividad del estudio; (4) la falta de control democrático; (5) el hecho de que se centre en el aspecto económico de la educación (los futuros ingresos que ésta puede generar); (6) problemas de representatividad estadística en ciertos casos; (7) la utilización del PISA y de su influencia para abogar ciertas políticas educativas sobre otras; (8) y finalmente, el último punto a destacar y uno de los más repetidos, es el hecho de que una evaluación a través de un examen tipo test no puede mostrar de manera representativa los múltiples aspectos de la educación de los jóvenes. Por lo tanto, se trataría de un método que premia sistemas de aprendizaje por simple memorización y repetición, es decir, la creatividad entre otras cualidades quedarían fuera de la ecuación educativa. [1] [2]

Por otra parte, en el 2009 aparece el cuarto grupo del que hablábamos al comienzo, un caso que cabe destacar: Shanghái se presenta por sí sola al PISA y rompe todo pronóstico, quedando primera en las tres categorías. En el 2012 vuelve a darse la misma situación. Dados estos resultados, surge cierta división entre los que creen que este resultado no es significativo y aquellos que sí lo creen. Los primeros afirman que es una de las ciudades más desarrolladas de China y que por lo tanto, no representa al resto del país. Relacionado con este punto, se hace referencia al sistema de registro de residencia actual del país (el hukou), el cual implica que muchos inmigrantes de Shanghái no tengan permiso de residencia en la ciudad y que por lo tanto no entren dentro de la muestra de alumnos estudiados. Por otro lado, también se critican los resultados, atribuyéndolos simplemente a la gran habilidad que tienen los países bebedores de la filosofía confuciana en hacer exámenes de tipo test (memorización y repetición) – aparte de Shanghái, también encontraríamos a Hong Kong, Taiwán o Singapur en este conjunto.

La primera crítica se podría rebatir parcialmente teniendo en cuenta que otras provincias chinas también han hecho el examen (sin publicar resultados de manera oficial), obteniendo rendimientos similares a los de la media de la OECD.  En cuanto a la segunda, el propio director del programa, Andreas Schleicher, ha argumentado que los problemas presentes en los test justamente piden un cierto nivel de adaptación y comprensión de situaciones reales, incorporando de esta manera el factor creativo. Por su parte, Shanghái ha emprendido en el los últimos años una gran reforma de su método educativo. La ciudad ha incorporado a la ya gran importancia cultural y social que se le otorga a la educación en el país, un sistema educativo que también enfatiza la capacidad de pensar creativamente. Entre otros puntos, también ha trabajado en la formación de una potente educación pública en la que a las mejores escuelas les son asignadas otras menos fuertes con el objetivo de reforzarlas. Parte de esta propuesta consiste en enviar profesores de las mejores a las peores con el fin de “tutorizar” y poder compartir las técnicas de enseñanza más efectivas. Los resultados hablan por sí solos. Dicho esto, ¿cómo se entiende que el gobierno de Shanghái esté considerando no presentarse a la evaluación del 2015? [5]. En esta ciudad creen que un sistema educativo que funciona correctamente va más allá de una serie de exámenes; es un proceso en el que interaccionan una gran cantidad de factores (desde el ámbito emocional hasta las tradicionales horas de estudio, pasando por la buena condición física de los estudiantes). Es por esta razón que, junto con el resto de China, Shanghái tiene en mente una reducción de la carga que supone la escuela (en términos de deberes, por ejemplo) sobre los alumnos, la cual es una primera aproximación al problema en cuestión.

De esta manera, tanto el caso concreto de la ciudad de Shanghái como las críticas generales que se le han hecho al PISA, nos permiten ver ciertas virtudes y defectos de los diferentes métodos educativos y del proceso de evaluación de su calidad. El programa debería tener en cuenta las consecuencias de su influencia y posibles problemas de representatividad. Sin embargo, el PISA debería sobre todo encontrar un equilibrio entre una evaluación eficiente y estandarizada, y una en la que cualidades como la creatividad y el pensamiento crítico tengan un papel principal. ¿Podrá el informe PISA mantenerse relevante?

 Referencias:

[1]http://www.theguardian.com/education/2014/may/06/oecd-pisa-tests-damaging-education-academics

[2]http://www.washingtonpost.com/blogs/answer-sheet/wp/2015/04/19/pisas-potentially-dangerous-problems-and-what-to-do-about-them/

[3] Imagen extraída de http://www.economist.com/blogs/graphicdetail/2013/12/daily-chart-1

[4] http://www.oecd.org/countries/hongkongchina/46581016.pdf

[5]http://www.washingtonpost.com/blogs/answer-sheet/wp/2014/05/26/no-1-shanghai-may-drop-out-of-pisa/

Para más información, aquí tenéis el enlace a los resultados del 2012:

http://www.oecd.org/pisa/keyfindings/PISA2012_Overview_ESP-FINAL.pdf

*La fotografía de portada del artículo procede de http://www.educationviews.org/tower-pisa-badly-leaning-argument-saved/

Daniel Horth, estudiante de 3º de Economía en la Universidad Pompeu Fabra, miembro de Post-Crash y redactor de Pompeunomics.

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