El futuro del cacao

En recuerdo de Michele Ferrero (1925-2015),  dueño de Ferrero Rocher, Nutella y Kinder.

El chocolate es un afrodisiaco –substancia que estimula el deseo sexual – que puede llegar a reducir la natalidad en muchos países en el momento que se convierta en un producto de lujo.

En los últimos años, diferentes artículos periodísticos han divulgado la noticia que los precios del cacao crecerán considerablemente debido al aumento de la demanda por parte de China. Y la estimación para que se llegue a precios prohibitivos se sitúa en el año 2020.

LA OFERTA

El cacao se empezó a cultivar en la era de los mayas y fueron los aztecas los que le empezaron a dar una función más específica: preparaban bebidas –xocolatl-  e incluso lo utilizaban como moneda.

A pesar de que sea en Centroamérica, concretamente en México, donde se puede marcar el origen del cacao, actualmente la mayor parte se produce en África.

En el siguiente diagrama se pueden apreciar los tres continentes productores de cacao y en qué proporción:

La producción de cacao, la oferta, ha tenido subidas o bajadas en los últimos años, pero de media se ha mantenido prácticamente constante. En otras palabras, a corto plazo las amenazas – enfermedades, plagas, inestabilidades políticas –  y las oportunidades  – intervención de gobiernos, comercio justo, material genético – se compensarán evitando cualquier colapso significativo.

Sin embargo a largo plazo hay una amenaza muy importante que hará disminuir la oferta: el cambio climático. Y eso, naturalmente, haría incrementar el precio del cacao.

LA DEMANDA

Los precios del cacao vienen determinados por la oferta y la demanda. En el parágrafo anterior se ha argumentado que la oferta no ha variado, ni a la alza ni a la baja, de una manera significativa en los últimos años. De este modo, la subida de los precios del cacao en la primera década del 2000 – el dicho boom de los bienes de mercancía-  se debe a un incremento de la demanda.

La China es uno de los principales propulsores del aumento de la demanda del cacao. Concretamente, el consumo doméstico de cacao en la China pasó de 13,6 mil toneladas en 2002/03 a 51,5 mil toneladas en 2010/2011[1].

El chocolate se introdujo en China a principios de los 80, de manos de la compañía Ferrero Rocher. Y desde esos años, la población china ha ido incorporando el chocolate a su modo de vida, aunque a niveles distintos de los europeos o norte americanos. El hecho es que la mayor parte de la población china es intolerante a la lactosa, así que en el momento de consumir chocolate con leche lo tienen que hacer en proporciones pequeñas. Es por eso que la mayor parte de chocolate que se compra en China tiene por finalidad ser un objetivo de regalo, ya sea para San Valentín o actos ceremoniales, y no para el consumo diario.

Decir que en el 2020 el chocolate alcanzará precios desorbitados, convirtiéndose así en un producto de lujo, es un poco precipitado. El consumo de chocolate en china va en aumento, pero se tiene que tener en cuenta que sólo consume chocolate un 8% de su población y en una cantidad menor de 100 gramos al año por persona. Esto no deja de ser una país de 100 millones de habitantes que consume una ridiculez de chocolate en comparación a Alemania, por ejemplo, que tiene 80 millones de habitantes que consumen 11kg de chocolate al año por persona.

El chocolate será un producto de lujo cuando el billón de chinos consuma 100g al año, o cuando una parte considerable consuma chocolate en cantidades parecidas a las de Europa – más de 10kg por persona al año. Esto sin olvidar que la India, con su enrome población, también juega un papel importante en la demanda del cacao. Cuando todas estar circunstancias se pongan en juego, entonces los precios del cacao serán extremadamente elevados. Sin embargo, todo debe decirse, el proceso es lento y necesita de unas cuantas décadas para desarrollarse; no es probable que en sólo cinco años el chocolate se convierta en un caro producto de lujo para el mundo.

[1] Fuente: International Cocoa Organization

Agustí Tola Lorente, Estudiant d’Economia a la Universitat Pompeu Fabra i a Maastricht University.

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