El Estado Islámico vence y… ¿convence?

También en política toda acción tiene su reacción. Ahora, nueve años después de que el Trío de las Azores ―formado por George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar― mandara a sus respectivos ejércitos (no fueron los únicos) invadir Irak, el Estado Islámico se ha convertido en una de las mayores amenazas a nivel mundial. Y por mucho que algunos intenten mirar hacia otro lado, dicha invasión y su posterior guerra han sido los ingredientes perfectos para dar alas al yihadismo suní, una ideología muy beligerante con las ideas occidentales. Duele más aún si cabe después de saber que el principal motivo expuesto por dichos países para intervenir en Irak, la existencia de armas nucleares en este país, estaba basado en informaciones falsas.

Entrando en materia, y sin profundizar en aquello que podemos encontrar diariamente en los periódicos, creo que lo más importante es entender cuál es el objetivo real del Estado Islámico (EI de ahora en adelante) y cuáles son los medios para conseguir tal objetivo. Dicho esto, se hace evidente que a causa de las complicaciones que el EI pone a los periodistas y a los ciudadanos que viven en su territorio para que estos se expresen, es difícil verificar las informaciones que nos llegan ―la mayoría de ellas, en forma de propaganda que al propio EI le interesa difundir―, a la vez que es complicado hacer un pronóstico de hasta dónde podrían llegar en su expansión.

Aquello que sí parece claro es que su principal objetivo es la hegemonía [1]. Es decir, en primer lugar, crear un Califato (aunque de facto ya existe, sus fronteras son aún difusas y variables) para toda la sociedad y territorio musulmán. Y posteriormente, o incluso a la vez que lo primero, transformar las sociedades que estén bajo su control de manera que nadie se atreva a oponerse a su interpretación de la Ley Islámica, la Sharía, de la cuál hablaré más adelante. Sobre dicho objetivo, las últimas informaciones indican que algunos grupos de Egipto, Libia, Argelia y el Líbano se han posicionada ya a favor del Califato [2]. Aun así, se antoja difícil que toda la sociedad de Oriente Medio ―más aún en las urbes― termine aceptando el modus vivendi que impone el EI.

Por lo que hace referencia a los medios, éstos pueden ser muchos y muy distintos. Cabe destacar, bajo mi punto de vista, el papel de la violencia y el de la administración pública, ya que a través de la primera, la sociedad suele hacerse más obediente, y gracias a la segunda la gente puede llegar a valorar positivamente la gestión del EI si éstos traen mayor estabilidad y bienestar. En la misma dirección, y según algunos testigos en especial de la ciudad siriana de Raqqa, parece que tras la entrada del EI la actividad económica se ha recuperado [3].

¿Cómo se organiza el Califato?

Lejos de construir un sistema democrático, representativo y que garantice los derechos fundamentales tal y como los entendemos en las sociedades occidentales, la estructura del EI es totalmente piramidal y el autoproclamado califa, Abu Bakr al-Baghdidi (considerado por algunos el hombre más peligroso del mundo), tiene un poder absoluto. Por debajo, cuenta con dos lugartenientes, uno en Irak y uno en Siria, quienes casualmente son ex generales del régimen de Sadam Husein. Para asesorarse y delegar parte de las tareas básicas, el califa tiene un consejo de liderazgo, un gabinete ―dedicado a las finanzas, el reclutamiento, los medios de comunicación, etc.― y un conjunto de líderes locales que deben obedecer a los lugartenientes de Irak y Siria comentados anteriormente [4]. Parece, pues, evidente que hay un conjunto muy reducido de personas que acumulan mucho poder y que no hay ningún control por parte del ciudadano ni de la justicia a su gestión.

En cuanto a la organización territorial de la zona bajo control del EI, hay escasos niveles administrativos entre los que se dividan competencias. Bajo el Califato (administración superior) se encuentran los wilayat, una especie de subdivisión administrativa que vendría a ser un tipo de “provincia” gobernada por un wali (líder provincial). Otros países árabes ―aunque no todos― también tienen subdivisiones administrativas de este tipo. Finalmente, y aunque actualmente muchas de ellas se encuentran sólo parcialmente en manos del EI, encontramos “ciudades” administradas por emires [1].

¿Cómo se financian?

Si hay algo que permita que el EI siga avanzando y pueda administrar los servicios públicos esto es la gran cantidad de dinero que mueve. Sin ello, el EI ni vencería ni convencería. Aunque es cierto que la mayoría de territorios ocupados son desérticos, también lo es que han conseguido llegar a zonas con abundantes cantidades de petróleo. Gracias a ello, y a través del contrabando en la frontera con Turquía y la venta en ciudades como Damasco (no se les permite vender petróleo de forma legal) ingresan aproximadamente $3 M diarios. No está nada mal.

Aunque el petróleo sea la principal fuente de ingresos, no es la única. El Estado Islámico lleva a cabo un expolio de guerra continuo, que le permite, después de ganar batallas, quedarse con las armas y los tanques de los contrarios ―en algunas ocasiones arsenal militar de primer nivel proporcionado por gobiernos occidentales―. No es de sorprender, pues, que en batallas como las de Kobane (frontera Siria-Turquía), la diferencia entre el material militar del EI y el que utilizan los kurdos que defienden dicha ciudad sea muy grande.

Pero ahí no termina todo, ya que el EI disfruta de grandes cantidades de flow financiero (donaciones) que les llega de simpatizantes de todo el mundo. Y aunque su repercusión económica sea menor, también son fuentes de ingresos los rescates, el tráfico de mujeres y esclavas sexuales, a la vez que la venta de antigüedades.

Por otro lado, no hay que olvidar que, en general, la zona controlada actualmente por el EI está en economía de guerra. Es decir, que aunque siguen siendo sociedades no industrializadas y donde el sector de la agricultura y la ganadería son importantes, su objetivo principal es el autoabastecimiento y la administración de las actividades indispensables.

Sus mayores particularidades a nivel fiscal están, en general, ligadas a motivos morales y religiosos. Por un lado, la limosna, que va destinada a ayudar a los pobres pero que tiene una connotación religiosa importante. Más singular aún ―en la mayoría de estados árabes modernos no existe― es el impuesto revolucionario a los cristianos y judíos, a quienes bajo el Pacto de Dhimmi, se les da una posición social inferior al resto y se les penaliza mediante éste.

Justicia y moral

He aquí uno de los aspectos que más llaman la atención, y por los cuales en Occidente se trata el conflicto en cuestión de manera diferente a como se hace con otras guerras. Como en muchas ocasiones, no es la aplicación de la Ley Islámica (la Sharía) sino la interpretación de ella que da el yihadismo suní. Esto justifica las acciones que están llevando a cabo, las cuales horrorizan no sólo a las sociedades occidentales sino también a los primeros perjudicados, aquellos que viven bajo su control.

¿Qué conlleva dicha interpretación de la Ley Islámica? En general, el grupo yihadista envía comunicados cuando entra en las ciudades donde impone unas nuevas condiciones y reglas. Por ejemplo, en la ciudad de Raqqa se prohíbe fumar, se obliga a las mujeres a ir con nicab, no se permiten fotografías ni música en las tiendas y es totalmente obligatorio para los hombres ir a la mezquita cada viernes. Quien no cumpla lo estipulado ―existe una policía moral, diferente a la de seguridad, que se ocupa de que así sea― se ve expuesto a duros castigos (humillación en plazas públicas, amputaciones o incluso ejecuciones). Con esta nueva situación ―que además es muy parecida a la que impusieron los talibanes en Afganistán― pretenden cambiar el panorama social en general. No sólo se interponen en las vidas privadas de las personas, prohibiendo las relaciones extramatrimoniales, entre otras cosas, sino que hay un control a la actitud y comportamiento público de sus ciudadanos. [1]

Finalmente, y a causa de que dentro de Siria e Irak existan varias soberanías, los ciudadanos de un mismo país se ven expuestos a unas normas muy distintas según la zona donde vivan. Y es que el Código Civil que hay bajo la Siria de Bashar Al-Assad ―presidente de Siria― no tiene nada que ver con el que impone el EI.

Conclusiones

Ante un problema de tal magnitud y haciéndose casi imposible hacer un pronóstico, los gobiernos occidentales (con EE.UU. al frente) siguen teniendo actitudes erráticas. Lejos de aceptar que en el origen del Estado Islámico se encuentra la desastrosa intervención en Irak que se alargó hasta ocho años y cuyas consecuencias fueron miles de muertes inocentes y un simple cambio de régimen suní por otro de chií, ahora se lanzan a una nueva aventura en Oriente Medio sin un plan definido. Muchos de estos gobiernos parecen actuar bajo una estrategia político-electoral y se muestran más de acuerdo con intervenir cuando quienes pierden la vida son ciudadanos americanos o europeos.

Para más inri, pocos en las sociedades árabes en cuestión ―en especial Irak y Siria― valoran de manera positiva las intervenciones militares occidentales. A excepción del colectivo kurdo, situado en algunas zonas del norte de ambos países, la mayoría de árabes son muy reacios a las actitudes intervencionistas, y esto no hace más que agrandar el sentimiento anti-occidental derivado de la siempre intención de Occidente de modernizar el Islam en lugar de islamizar la modernidad [5], como muchos de ellos pretenden.

Aun así, todo indica que desde la entrada en acción de los ejércitos de países occidentales la expansión del EI se ha frenado, y que éste ha perdido algunos territorios en Irak ―el caso de Siria es mucho más complejo―. No hay que olvidar que el territorio actual del EI es básicamente rural o desértico y que, por ende, muchos dudan de la capacidad real de este colectivo de ocupar y gobernar gran parte del mundo árabe. Posiblemente, lo más importante para derrotar al EI es la habilidad no sólo militar sino también de convencer que tengan los estados árabes actuales hacia su gente, ya que ―salvo excepciones ya conocidas y con todos sus problemas y deficiencias― dichos estados se encuentran lejos de la mala praxis del yihadismo suní. Y a esperar que el papel de Occidente sea lo más secundario posible ante dicha solución.

Referencias

[1] Garroum, Gabriel (2014). Rebel Governance amid Civil War: A Black Flag in Raqqa, School of Oriental and African Studies (SOAS).

[2] D.Kirkpatrick David (2014). Militant group in Egypt vows loyalty to ISIS, The New York Times. http://www.nytimes.com/2014/11/11/world/middleeast/egyptian-militant-group-pledges-loyalty-to-isis.html?_r=0

[3] Gregor Aisch; Joe Burgess; C. J. Chivers; Alicia Parlapiano; Sergio Peçanha; Archie Tse; Derek Watkins and Karen Yourish (2014). How ISIS works, The New York Times http://www.nytimes.com/interactive/2014/09/16/world/middleeast/how-isis-works.html?action=click&contentCollection=U.S.&module=RelatedCoverage&region=Marginalia&pgtype=article

[4] Fahim, Karim (2014). Strikes by U.S. Blunt ISIS but Anger Civilians, The New York Timeshttp://www.nytimes.com/2014/11/14/world/middleeast/airstrikes-blunt-isis-in-raqqa-but-many-syrians-there-arent-grateful.html

[5] Lacomba, Joan (2000). Emergencia del Islamismo en el Magreb

Agradecimientos a Gabriel Garroum , Jaume Torras (Catedràtic d’Història i Institucions Econòmiques a la UPF) y Josep Vicenç Mestre.

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