El capitalismo social de Noruega

El verano pasado estuve en Londres estudiando y publiqué un post que podéis leer aquí sobre el impacto económico de los Juegos Olímpicos que la fascinante capital británica albergó. Este verano, he tenido la inmensa fortuna de pasar más de un mes y medio en Noruega, y de manera natural me he sentido atraída por el curioso modelo económico del este país maravilla, el cual ha sabido construir, en pocos años, una sociedad cohesionada y rica en valores que disfruta de ser el rincón más acomodado de la fría Escandinavia.

Dinamarca, Suecia y Noruega no han sido siempre ejemplos de economías equilibradas, y en los años 90 sufrieron una crisis de la deuda muy similar a la que han padecido recientemente varios países de la UE. No obstante, los nórdicos fueron capaces de gestionar con inteligencia a largo plazo dicha crisis, reformando por completo el Sector Público y haciéndolo más eficiente y efectivo en sus funciones.

Desde los 70, los países nórdicos fueron países centrados en los impuestos y gasto público, el cual en Suecia, por ejemplo, llegó a alcanzar el 63% del PIB en 1993 (un nivel mucho inferior al español actualmente). Pero esta fórmula de Estado sobredimensionado acabó pasando factura a nivel macroeconómico y Suecia pasó de ser la cuarta economía mundial a ser la catorceava en 1993. Era evidente que hacía falta un giro brutal en la política económica de estos países para poder crear un crecimiento eficiente y sostenible que proporcionara bienestar a la población en el largo plazo. Pero el problema no era el gasto público por sí mismo, ya que este es totalmente necesario en un Estado del Bienestar, sino que aún no se había hallado el equilibrio adecuado entre Estado y Mercado.

Se optó por dar marcha atrás en relación a diversos aspectos del modelo intervencionista sueco, y se llevaron a cabo importantes reformas liberalizadoras en sectores clave como la educación o las pensiones y de desregulación de algunos mercados como el energético o las telecomunicaciones. Hoy en día el déficit presupuestario de Suecia es del 0,3% y el gasto público ha bajado 18 puntos de su PIB, siendo ya menor que en Francia. La tasa del Impuesto sobre Sociedades es del 22%, mucho menor que la de los Estados Unidos y España. La misma tendencia, con sus matices, ha sido seguida por Dinamarca y Noruega. Pero ninguno de estos países ha dado un giro radical a la derecha, sino que simplemente están demostrando que es posible compatibilizar el Estado Social con un capitalismo competitivo.

Estos países con Noruega como abanderada son capaces de hacer brillar los puntos más positivos de la competencia privada, combinada con un bien diseñado sistema de protección y gasto social. Un ejemplo es la competencia entre hospitales que les hace ser más eficientes y poder ofrecer un servicio de mayor calidad, junto con un sistema de cobertura sanitaria que alcanza al 100% de la población. Otro ejemplo es el método de “flexiseguridad” en el mercado laboral, el cual se basa en un mercado flexible que garantice cierta libertad a los empleadores, junto con un sistema generoso de apoyo a los desempleados, centrado fundamentalmente en dar cursos de formación y reciclaje que permitan la reincorporación rápida de un parado. ¿El resultado? Unas tasas de paro increíblemente bajas y una economía que camina de la mano de la sociedad. Todo ello tiene consecuencias muy positivas no sólo para el crecimiento económico y la prosperidad nacional, sino también para la felicidad de las personas, que pagan impuestos con la certeza de contar con un Estado Social que les asegura cobertura para cuando lleguen momentos malos.

¿Pero de dónde viene la riqueza noruega? Lo cierto es que Noruega era un país relativamente pobre hasta que se descubrió petróleo en el Mar del Norte en 1969. Desde entonces se abrieron las oportunidades y la clave de todo es, desde mi punto de vista, la “sociabilización de las ganancias“. En España, la población está cansada de haber oído hablar permanentemente en los medios sobre los rescates bancarios que se han pagado con dinero público (que óptimamente tendría que ser destinado a financiar la educación, la sanidad o las pensiones) o sobre las elevadas primas de riesgo; que se traducen en la necesidad de nuevos recortes (porque se entra en la espiral imparable de crecimiento del déficit y la urgente necesidad de consolidación de cuentas públicas para estabilizar la deuda), en la restricción del crédito a familias y emprendedores debido a la falta de confianza en el mercado de la banca comercial, etc. Todo esto se puede llamar, en última instancia “la sociabilización de las pérdidas”.

Por lo contrario, en Noruega llevan más de 30 años sociabilizando las ganancias del descubrimiento que cambió todo su modelo económico; el del petróleo. En Noruega, un empleado de trabajo manual en la industria petrolífera gana 3 veces más que un compañero suyo que viva en Londres, mientras que el mayor directivo de la mayor compañía de petróleo del Estado, Statoil, gana mucho menos que un homólogo suyo en una compañía inglesa o americana. A través de un sistema impositivo y de gasto social simple y bien estructurado, se converge hacia una sociedad más igualitaria que la media de países de la OCDE. El hecho de ser la octava en el ránking de exportadores de petróleo (pero sin pertenecer a la OPEC), o que el petróleo signifique el 30% de los ingresos del gobierno y una cuarta parte del valor añadido de la economía noruega no han impedido que la cultura socialdemócrata de esta sociedad se deteriore ni un ápice.

En los últimos años Noruega ha trabajado para ajustar su modelo a la mejor combinación posible entre el control del estado y la competición y competitividad global. En 2007 se cerró la fusión entre dos compañías del Estado, Statoil e Hydro, con el objetivo de crear un campeón nacional con más poder e influencia. Puede parecer que esto se debe a una estrategia de liberalización… Pero lo cierto es que es muy similar a los métodos elegidos por China u otros ejemplos paradigmáticos del capitalismo estatal. Además, el Estado controla las empresas a través de tener un gran porcentaje de las acciones, lo cual le da poder para influir en la toma básica de decisiones en favor de los criterios preferidos por la colectividad de equidad social, pero se abstiene de introducir regulación pesada. Así, se evita el tener que intervenir en el funcionamiento del día a día a través de la ineficiente burocracia característica de todo entramado estatal.

A pesar de la mayor riqueza, Noruega se mantiene firme como uno de los líderes mundiales en la defensa de los derechos humanos, para lo cual tener el control del Premio Nobel de la Paz contribuye considerablemente. A pesar de las dudas que han surgido después de que se premiara a la Unión Europea en plena turbulencia o a Barack Obama antes de que le diera tiempo a hacer nada (lo está haciendo todo ahora) es innegable que Noruega se alza ante el mundo como un ejemplo de respeto a los derechos humanos y lucha por la paz y la igualdad. El convertirse en un país rico no ha hecho que Noruega abandonara las características de democracia social que siempre la han acompañado; sino todo lo contrario. En Oslo no hay rascacielos ni enormes centros comerciales, el sector público representa un 52% del PIB y casi la mitad de la población trabaja en temas relacionados con la educación, en sanidad y en servicios sociales. Otro aspecto positivo ha sido la gran apuesta por la emprendeduría y las pocas trabas que existen para montar un negocio o empresa. La pregunta es, ¿se podrá sostener este ritmo cuando el petróleo se acabe?

Sin embargo el petróleo también trae con él algunos problemas para la economía noruega. En primer lugar, el sector energético emplea a gran parte del talento joven del país de todo tipo de formaciones, lo cual crea un déficit de capital humano disponible para poder desarrollar otro tipo de sectores (naval, turismo, tecnológico, I+D) que, sin aportar hoy en día tanta riqueza al país, sin duda son esenciales para su futuro. En segundo lugar, Noruega y en particular Oslo están asistiendo a un peligroso episodio de subida de precio de las viviendas. En Noruega no hay instaurada una cultura del alquiler y la mayoría de personas aspiran a comprarse un piso lo antes posible después de ponerse a trabajar, lo cual unido a los efectos de estar exportando petróleo hace que los precios de las viviendas estén subiendo un 7% cada año, algo que sin duda representa una amenaza ya que incentiva la inversión no productiva y la especulación con los activos inmobiliarios, lo que se traduce en la creación de una burbuja que a largo plazo explotará con terribles repercusiones sobre la economía real y el bienestar y riqueza de los ciudadanos. En tercer lugar, Oslo ya es la ciudad más cara del mundo, en la cual se deben pagar 8$ por un Big Mac en el McDonalds.

El país debe hacer frente a los retos derivados de una riqueza creciente, pero desde su libertad e independencia es una sociedad fuerte que tiene las herramientas para hacerlo con éxito. La población tiene poder de decisión y los políticos escuchan y actúan en consencuencia. Aunque los poderes económicos y políticos querían entrar en la moneda europea única por todos los beneficios comerciales de la integración, la población votó que no, quizás por asociar las políticas europeas como algo demasiado favorecedor de un capitalismo salvaje del cual se quiere huir. Además, el hecho de no tener la moneda única mantiene a Noruega alejada de las turbulencias del mundo occidental más cercano, mientras ella puede centrarse en explotar sus oportunidades a la vez que prepara las bases para la era post-petróleo, a sabiendas de que esta puede ser complicada.

Noruega vive cerca del Círculo Polar Ártico, en una situación geográfica compleja que provoca que sus ciudadanos casi no vean el Sol durante 6 meses del año. En un entorno a veces hostil y con una densidad de 13 habitantes por metro cuadrado, quizás se trate de una sociedad un poco claustrofóbica, pero que sin duda sabe aprovechar las oportunidades que la Historia le ha ido brindando. Si hace un frío polar, en Noruega salen las mejores y más coquetas tiendas de decoración de interiores que se pueden encontrar en el mundo. Si poseen un paraje natural salvaje y único, se favorece el turismo pero sin masificación. Si se descubre petróleo, se explota de tal manera que las ganancias sean sociales y no fuente de mayor desigualdad.

El modelo nórdico evidentemente NO es perfecto, ni está cerca de serlo. Además, la crisis económica y financiera nos obliga a poner en tela de juicio todo lo que se ha venido haciendo hasta ahora, existiendo la urgente necesidad de revisar la Economía como ciencia global, cómo se interrelaciona con la legislación  y cómo se aplica en la toma de decisiones del día a día de una sociedad (política). Sin embargo, lo que se ha hecho bien en Noruega es el haber aprovechado correctamente las sinergias entre el capitalismo y el “socialismo” entendido en su versión más soft. La principal conclusión no debe ser ideológica, sino más bien pragmática.

En Noruega, como en ninguna otra parte, nada es ni será fácil, pero tener una clase política creíble lo hace todo más sencillo para que las decisiones se tomen en consenso y la sociedad pueda disfrutar de su bienestar en la mayor armonía posible entre todos los seres que la integran.

Bibliografía

http://datos.bancomundial.org/pais/noruega

http://www.economist.com/news/special-report/21570842-oil-makes-norway-different-rest-region-only-up-point-rich

http://comercioexterior.banesto.es/es/elija-su-mercado-objetivo/perfiles-de-paises/noruega/economia

Información económica sobre la economía noruega y perspectivas

http://www.miradoreconomico.com/2012/09/analisis-de-la-economia-noruega/

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