Economía energética (I): “Del sueño americano al despertar islandés. ¿Necesitamos un nuevo paradigma para la economía?”

21:00 de un 14 de Octubre. Tres estudiantes universitarios de intercambio suben al tejado de su residencia, sigilosamente y a oscuras. Un silencio sepulcral se apodera de ellos y durante 10 minutos no existen las palabras, únicamente tímidas miradas hacia el cielo, pintado de un rojo y verde que invitan a soñar eternamente. La temporada de auroras boreales ha dado el pistoletazo de salida en Reikiavik, capital de Islandia y la expresión Petta reddast, la versión islandesa del Hakuna Matata que los tres jóvenes habían aprendido en su curso de islandés, tomaba más sentido que nunca.

Ya han pasado prácticamente 2 meses desde que mi aventura nórdica terminó, pero las primeras veces nunca se olvidan. Tal fue la magnitud del espectáculo solar que al día siguiente las autoridades islandesas decidieron interrumpir el suministro eléctrico de algunos barrios de la capital para que la población pudiera seguir disfrutando. Las previsiones eran igualmente alentadoras para el día siguiente pero las nubes lo impidierontal y como narró el desenfadado The Reyjakvík Grapevine, que se encargó de caricaturizar la situación.

Fotografía de aquel 14 de Octubre, cortesía de Dani Bargalló

Si por algo es mundialmente conocida la exuberante isla volcánica es por su reciente colapso económico y su proceso de redemocratización basado en un intento de definir una nueva constitución de consenso social. Pero esto no es todo. Nadie mejor que los islandeses conoce el importante rol que ha jugado la energía (y particularmente la climatología) a lo largo de su historia. Ha condicionado en parte, la vida y creencia de este pueblo de raíces vikingas, en forma de leyendas, tradiciones y Sagas. La cuestión energética ha sido prioridad en la agenda política y económica del país desde hace tiempo. Si de algo me ha servido mi paso por Islandia ha sido para entender la importancia que tiene la energía en nuestras vidas. La energía lo es todo y está en todo porque sin ésta nada existiría, no podríamos generar riqueza de ninguna manera, redistribuirla ni comerciar con ella. Esta idea la han entendido todas las sociedades del mundo des de los cazadores-recolectores, pasando por los grandes conquistadores y hasta hoy en día.

Una vez más, los islandeses dieron fe de ello, cuando a principios del siglo XVII, se produjo la mayor matanza nunca registrada en la isla, curiosamente de españoles. Durante el primer tercio del siglo XVI los balleneros vascos poseían un importante monopolio en Terranova, el atlántico norte. Nada parecía indicar que en 1615, una tormenta haría estrellar el barco contra las rocas al noroeste de la isla. Aunque parecía haber buenas relaciones comerciales entre islandeses y vascos, la intromisión de estos últimos en la vida diaria de los nórdicos peleones acabó con la muerte de 31 de ellos.

¿Qué relevancia tiene toda esta historia? Ninguna y toda. Ninguna porque Islandia no deja de ser un caso muy específico, con una caracterización de su economía y sociedad singulares. Toda porque es una lección histórica más de cómo los recursos naturales y las limitaciones que nos imponen configuran sociedades y son capaces de levantar y hacer caer grandes imperios, tal y cómo narra el célebre geógrafo Jared Diamond en su libro Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed. Para que no se me tache de determinista animo al lector que eche un vistazo tanto al libro de J. Diamond como a su gran contraposición, el Why Nations Fail de Acemoglu y Robinson, y analice que explicación le parece más convincente.

Aunque el rol de la energía juego un rol fundamental en la literatura científica, parece que los economistas se han olvidado de ella de una manera preocupante.

  1. ¿Qué se le escapa a la economía?

La gran mayoría de economistas han centrado su discurso académico en una idea excesivamente antropocéntrica, ensalzando la grandeza de los hombres y los dichosos mercados y marginando el rol de la física y sus límites. Esto no ha sido siempre así, la escuela fisiocrática francesa del siglo XVIII consideraba que las leyes de la naturaleza debían estar en armonía con las leyes humanas. La riqueza provenía de la tierra y del trabajo agrícola necesario para obtener productos valiosos. Posteriormente Adam Smith centró su discurso en cómo el trabajo y su división eran los motores ineludibles de la generación de riqueza. Otros autores como David Ricardo y Karl Marx siguieron aunque con ideas totalmente contrapuestas. Durante la primera revolución industrial y especialmente la segunda se gestó la idea de que una persona rica era aquella capaz de acumular dinero. Éste debía solucionar las grandes diferencias de calidad entre productos y la bondad de los famosos mercados, bajo un sistema de precios y la concepción del “hombre economicus” (hombre que toma las decisiones racionalmente) debía llevar al crecimiento económico sostenido. Esta idea la acabó de concretar Wilfred Pareto en el siglo XX para dar lugar al teorema fundamental de la economía.

A segunda mitad de ese mismo siglo, el capital (entendido cómo máquinas y edificios) tomó una relevancia enorme y grandes economistas de basaron en este para explicar parte del crecimiento económico. El modelo de Sollow es un claro ejemplo. Cuando ni el trabajo ni el capital podían explicar parte del crecimiento económico en los modelos matemáticos (y reflejados en gran medida en las funciones de producción Cobb-Douglas) se atribuyó el residual (la parte no explicada) a la ingenuidad tecnológica.

Figura 1. Diagrama básico de intercambio de recursos de la economía tradicional. ¿Negando el segundo principio de la termodinámica?

Un grupo más bien reducido de economistas y científicos se han encargado de defender que la energía juega un papel mucho más importante que el trabajo y el capital. Hall y Klitgaard lo explican en su genial libro Energy and the Wealth of Nations. Al fin y al cabo, ¿No son el trabajo y el capital meros proxies de la energía? ¿Por qué está ha tendido a ser olvidada? No existe una respuesta clara pero los indicios apuntan a que durante el siglo XX hemos tenido a nuestro alcance una cantidad aparentemente inacabable y barata de energía en forma de combustibles fósiles cómo el petróleo y el carbón. Pero los recursos no son eternos…

Hubbert predijo en su teoría del Peak Oil en 1956 cómo la producción de petróleo convencional llegaría a su máximo a final de los años 60, no se equivocó de mucho, lo hizo en los 70 en un período de inestabilidad a consecuencia de las dos crisis del Petróleo de 1973 y 1979. Este análisis los extendió al resto del mundo prediciendo que la producción mundial llegaría a su pico aproximadamente medio siglo después de su publicación. La segunda afirmación es más controvertida pero existe evidencia de que la producción ha llegado a su tope en algunos países. La extracción de combustibles fósiles parece tener un EROI o Energy Return on Investment (definido como el ratio de energía efectiva/energía que se necesita para producir esa energía) decreciente y la subida de precios y su volatilidad nos dan una primera señal de que la edad de oro en la que disponíamos de combustibles baratos y abundantes podría haber llegado a su fin. Con ello no quiero dar la impresión de que el petróleo vaya a dejar de ser importante a corto plazo pero sí que la dependencia humana en éste, especialmente relevante en nuestro país, supone actualmente enormes barreras al bienestar mundial.

¿Tenía Robert Malthus algo de razón cuando en 1798 afirmaba en su Ensayo sobre el principio de la población que una progresión geométrica de la población vs. Un aumento aritmético en la producción de alimentos nos podría llevar a una peligrosa “trampa de pobreza”? Pues en parte sí aunque haya quien crea que la tecnología nos brindará sustitutos infinitos hasta el fin de los tiempos.

Los que pensamos que la capacidad terrestre de soportar la acción antropogénica es limitada hemos sido acusados de neomalthusianistas radicales y de catastrofistas por el ala neoliberal fuertemente arraigada en los republicanos americanos y el Tea Party, firmemente defensores del American Dream de puertas a fuera, con unos intereses enormes capitaneados por el lobby del petróleo y el gas.

Las repercusiones de extraer recursos a gran escala y de forma indiscriminada hacen a uno preguntarse un buen puñado de preguntas. ¿Hay límites al crecimiento? ¿Qué repercusiones mundiales tiene la dependencia de combustibles fósiles en términos medioambientales (de cambio climático) y sociales? ¿Puede la economía entenderse mejor desde un punto de vista más holístico y ecléctico, dónde las leyes de la física (permanentemente violadas en economía) jueguen un papel importante? Y finalmente la gran pregunta… ¿Nos ha llevado este sueño americano basado en la acumulación material a madurar como sociedad entendida globalmente y a ser más felices? Detengámonos un segundo y miremos a nuestro alrededor. Hay evidencia más que suficiente para pensar que NO.

Vivimos en un contexto de aumento mundial de la desigualdad (que se ha ido acentuando desde hace alrededor de dos siglos), dónde los salarios reales bajan y el paro se desboca, basando nuestro crecimiento en un endeudamiento masivo que nos ha servido para financiar burbujas, con unos índices de corrupción crecientes y dónde millones de personas mueren anualmente con unas condiciones de vida más que precarias. Históricamente los conflictos humanos han girado entrono a la supremacía de recursos dónde una sociedad ha intentado explotar a otra, cómo ya he comentado anteriormente. La sostenibilidad a largo plazo es muy dudable. Sin ir más allá el pasado viernes fuimos informados de cómo los índices de contaminación han llegado a niveles sobre alarmantes en Pequín.

Si aceptamos que el mundo tal y como lo conocemos hoy en día hace aguas y es insostenible, se plantea un dilema, a mi juicio fundamental, que ya fue expuesto con anterioridad en este blog por Gina Giró. ¿Podemos seguir disfrutando de un crecimiento sostenido basado en valores de la competencia, el egoísmo y la acumulación material o hemos de adaptarnos… 

  • Apostando por un capitalismo más social y que respete la naturaleza y la integre en su vertiente académica?
  • O bien basándonos en un decrecimiento gradual?

Mi apuesta aboga por una nueva manera de entender la economía basada en la interacción de sistemas dentro del contexto de un ecosistema que nos permita establecer una serie de parámetros para pasar a hacer un análisis de escenarios simulado y no entendida como una serie de modelos muy ricos en rigor matemático pero excesivamente vacíos en significado relevante. Se trata de aceptar que el modelo tradicional en el que empresas y familias interactúan no captura bien las interacciones entre humanos y resto de seres vivos y aceptar los principios básicos de la termodinámica.

  1. Economía medioambiental, economía ecológica o biofísica

Hay 3 maneras de intentar dar respuesta a cómo economía y environment interaccionan y se complementan. El foco de atención coincidió con las sucesivas crisis del petróleo de los 70 y entre los 80 y 90 se gestó un volumen de literatura sustancial, que no ha cesado hasta hoy en día. De modo resumido la economía medioambiental es tratada como una sub-disciplina de la economía neoclásica tradicional donde se tratan de poner remedio a los “fallos de mercado” (conceptualizados en las famosas externalidades, efectos colaterales de la actividad económica y los problemas de asignación de derechos de propiedad) con otras soluciones de mercado basadas en una valoración económica de los problemas medioambientales con un enfoque estático y centrado en la tecnología. Estas soluciones de mercado se pueden dividir en medidas Comand and Control relacionadas con mandatos tecnológicos, subsidios a “energías limpias” (las Feed-in-tariffs) o tasas típicamente impuestas al carbón o al petróleo en soluciones del tipo Cap and Trade donde el regulador impone un límite (de emisiones de C02 por ejemplo) y otorga una serie de licencias que las empresas comercian entre sí en función de cómo valoran en términos marginales la contaminación. La UE ha implementado este sistema con los “green certificates”.

La economía ecológica o biofísica por otro lado ha tratado de integrar la valoración económica con la física, tratando de caracterizar modelos dinámicos, multigeneracionales y basados en una idea de sostenibilidad fuerte que pone en duda la sustitución de unos recursos naturales por otros. Es un intento de tomar una perspectiva más propia de la contrastación de hipótesis del método científico en vez de tener una fe ciega en soluciones monetaristas de fallo de mercado. Klitgaard y Hall, basados en el previo trabajo del gran ecologista de sistemas Howard T. Odum, han criticado que la economía ecológica ha tendido también a la evaluación económica y han propuesto la economía biofísica, con un método concreto. Para los propósitos de este artículo y con el fin de simplificar consideraremos que ambas son lo mismo.
La economía biofísica presenta un método basado en los siguientes pasos:

  1. Afirma tus objetivos entendidos en términos de escenarios futuros deseados y no de problemas, revisando la literatura académica con un enfoque interdisciplinario.

  1. Define una base de datos de parámetros biofísicos relevantes incluyendo factores demográficos.
  2. Realiza una evaluación de parámetros económicos relevantes a lo largo del tiempo (y que generalmente están disponibles de forma gratuita en Internet).
  3. Evalúa las relaciones entre actividad económica y requerimientos biofísicos en términos de energía utilizada por unidad de actividad económica.
  4. Construye una simulación comprensible y accesible que plantee distintos escenarios futuros que tengan en cuenta distintas restricciones de recursos.

Este método ya se ha aplicado en el seno de distintas instituciones como el departamento de energía y medio ambiente de Gran Bretaña , en el IPCC (Intergovernamental Panel on Climate Change) o en el ámbito académico. En los tres casos estamos hablando de grandes modelos de sistemas simulados de una gran complejidad, pero la metodología es igualmente válida a ámbitos más locales.

Esta nueva definición de economía puede remover el estómago a más de uno ya que implica intentar ir más allá de la definición más elemental y dar la bienvenida a otras disciplinas tratadas de igual a igual. No niego que soluciones de mercado a problemas de mercado sean también útiles pero su adecuación y rigor científico parecen más que cuestionables. Pensemos en un ejemplo práctico, el de una central química que vierte parte de sus residuos a un río.

¿Qué precio se debe poner y en base a qué? ¿Qué repercusiones tiene en términos de bienestar social? ¿Qué consecuencias económicas tiene en términos de costes de oportunidad? ¿Qué repercusiones intra e intergeneracionales plantea la solución? Todas ellas y muchas otras son preguntas sin una clara respuesta y deben ser objeto de reflexión, especialmente para los jóvenes economistas y gestores preocupados por el futuro. Este es el principal objetivo de este artículo, intentar despertar el interés tanto a aquellos que no ven respuestas convincentes en las “teorías de toda la vida” y alertar a aquellos, que aunque las den por sentadas, tengan un interés más allá del dominio abrumador y a menudo interesado de gran parte de la comunidad académica.

  1. Pedagogía selectiva y social ¿Qué podemos aprender los jóvenes estudiantes de economía y empresa?

Al margen de los “engaños y limitaciones” que impone la naturaleza, el reportaje “Operación Palace” del pasado domingo de Jordi Évole me hizo reflexionar y mucho. El reportaje es una evidencia de que no sólo debemos entender y superar las dificultades y “engaños” de la naturaleza sino también los que vienen desde muchos otros estamentos sociales, negando y manipulando la realidad. Pese a que el debate público se ha quedado en un patético “me he sentido engañado o no”, la parte fundamental del programa plantea abiertamente y sin tapujos si la sociedad española debe empezar a contemplar el futuro de una forma totalmente distinta, entendiendo que entramos en una dimensión desconocida, como nos explicaba Spielberg en aquella Encuentros en la tercera fase.

Es evidente que una parte importante (una mayoría me atrevería a decir) de los estudiantes de economía y gestión de empresa salen al mercado con conocimientos insuficientes y claramente enfocados a las teorías clásicas. Da la impresión, y la Universitat Pompeu Fabra no es una excepción, de que no se están formando pensadores sino ensambladores de robots (se salvan algunos diseñadores un pelín más creativos, que también los hay). Unos robots víctimas de una orientación que invita a no cuestionarse las preguntas fundamentales de la economía sino a seguir siendo parte del circo mediático, consumista e insostenible a largo plazo. Más allá de las restricciones presupuestarias de la comunidad universitaria (que juegan un papel importante y juegan en contra de sus gestores) es incomprensible cómo estemos ante unos planos docentes tan cerrados y no existan asignaturas como Teoría del Pensamiento Económico, Metodología y Bases para la Investigación, Economía Energética, Gobernanza Corporativa o Economía y Mujer, por mencionar algunos temas importantes. No hay suficiente transparencia en la evaluación a los distintos niveles de la universidad, ni en otras asignaturas cómo en el trabajo de fin de grado (reducido a 3 meses de trabajo sin defensa ante tribunal), por poner un ejemplo.

No me quiero detener aquí. Los estudiantes también somos responsables de todo este lío y si queremos ser tratados como adultos debemos dar ejemplo. Tenemos una universidad que pese a sus grandes deficiencias nos ofrece también muchas oportunidades en forma de espacios de debate y reflexión. Una gran parte de nuestra generación no tiene interiorizados valores como la solidaridad, el esfuerzo o la participación. Me incluyo. Nos cuesta trabajar en grupo aunque nos piden hacerlo y a menudo somos incapaces de gestionar nuestras emociones aunque la inteligencia emocional es elemental. Tampoco somos capaces de gestionar la información debidamente ni de cuestionar lo que algunos docentes nos intentan transmitir vender, cayendo en un limbo a medio camino de la autoridad moral no cuestionada y el desinterés.

Si esto sucede entre jóvenes economistas a punto de graduarse imagínense a nivel social. Estamos en un momento crucial de nuestra historia y seguimos empeñados en conocer si la falta de Demichelis a Messi fue dentro o fuera del área (es penalti reglamento en mano por cierto). El tiempo pasa y la naturaleza lo acaba poniendo todo en su sitio. Necesitamos un cambio de mentalidad total, desde todos los estamentos de la sociedad. Necesitamos un giro institucional radical y todo esto empieza con la educación y la información. Todos tenemos una gran responsabilidad. Mientras tanto permitidme seguir despertando bajo el recuerdo de cielos tintados de rojo y verde y quien sabe cuándo, un sueño puede dejar de ser un sueño para convertirse en realidad.

Roger Carles, 22 años, estudiante de cuarto curso de Administración y Dirección de Empresas (ADE) en la Universidad Pompeu Fabra y colaborador de Pompeunomics.

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