De Bankaos a “empecemos por los principios”

En Marzo de 2013 Bankia pretendía lograr con el lema “empecemos por los principios”  dar la imagen de “afianzamiento” y “integridad”. Pero  la intención de esta campaña lo que realmente ambicionaba era que olvidásemos su rescate financiero con el “dinero de todos” y el engaño de la venta de preferentes. Tras la dimisión de los mayores dirigentes después de lo ocurrido, la nueva directiva se enfrentaba ante una situación financiera comprometida donde el valor de sus acciones se encontraba en mínimos históricos, ¿cómo salir adelante y recuperar la confianza cuando los anteriores directivos de la entidad utilizaron con libre albedrío tarjetas bancarias de capacidad millonaria en medio de una recesión económica sin precedentes?

Ante esta inverosímil situación, muchos directivos han argumentado que dichos gastos eran relativos a “gastos de representación”. Me gustaría a mi escuchar cómo justifican compras en tiendas de lencerias de lujo u ostentosas compras de alcohol en relación al objeto principal de la empresa y la imagen que quieren dar al público. Estos directivos deben ser fieles seguidores de Alfred Hitchock y de su frase: “Hay algo más importante que la lógica: la imaginación”.

Podríamos abrir en este punto el debate sobre la ética de los frecuentes sobresueldos que representaban estas tarjetas. Pero es obvio que la antigua Caja Madrid no podían permitirse tal derroche ni era ciclo económico oportuno. Asimismo, hemos de suponer que estos consejeros de Bankia tendrían unos conocimientos mínimos de economía como para ser conocedores de la situación que vivía y vive España. Cabe puntualizar que algunos de ellos hasta tienen responsabilidades en Hacienda o en la Banca internacional, aunque su empatía con el resto de ciudadanos sea nula.

Pero este escándalo no sólo simboliza la inconsciencia e incompetencia de estos presuntos profesionales, sino que además conllevó un coste millonario para todos los ciudadanos. En junio de 2012 leíamos titulares escalofriantes “Bankia, el rescate más caro en la historia de España: 23.465 millones de euros”. Fue un momento en el que llegamos a pensar que la cruda realidad de la crisis, se había manifestado ya en la mayoría de hogares, y las  elites dirigentes eran conocedores tambiénn de la situación. No obstante, ahora sabemos que nunca nada es lo que parece.  Por aquel momento, 86 consejeros y directivos de la entidad financiera habrían gastado 15.5 millones de euros entre 2003 y 2012,durante  el año de aquel rescate. Mientras el Estado se endeudaba de manera estrepitosa para tapar este agujero, había aún individuos que vivían en la utopía, o mejor dicho en el descaro, de creer que podían vivir por encima y con las recursos de todos.

Hagamos un pequeña revisión y evaluemos con un poco de matemáticas. La aportación de la Unión Europea para el rescate financiero de España fue de 43 mil millones de euros. Si tenemos en cuenta en la ecuación de la deuda de España el auxilio a Bankia, representa más del 50 por ciento. La crisis económica es internacional, pero es una excepcionalidad española que estos directivos de Caja Madrid/Bankia – junto con otros- que cultivaron y regaron una economía basada o dependiente  “del ladrillo” y fueron promotores de  una “cultura especulativa popular” a través de la vivienda.

Entre los muchos fines de las Cajas es apoyar cuestiones sociales, no empeorarlas. Pero con todo el dinero despilfarrado en las “sombras negras de la gestión”, ¿cuántas colegios, universidades, hospitales, centros de atención a mayores, planes de I+D se podrían haber puesto en marcha?¿Cuántos proyectos de emprendedoría y de pequeñas y medianas empresas podía haber capitalizado de forma directa?  Bankia fue el origen y base del acuerdo entre PP y PSOE  para pactar liquidar las cajas de ahorros; cuando entidades financieras parecidas funcionan en Alemania y en otros países. El problema no eran las cajas como entidades financieras -ahí están la Caixa, la Ktuxa…- el problema fue la gestión y dirección de esas entidades. Lo que habría que “liquidar” es la burbuja en las que vivían estos directivos. ¿Serían esas “ tarjetas negras” las que les llevó a estar fuera de la sociedad y les provocó tomar medidas equivocadas? Son este tipo de actividades las que se deben enmendar.

Será muy importante el  informe forense de Bankia, el resultados de las comisiones de investigación parlamentarias y resoluciones judiciales y de otras entidades como Caixa Galicia e Caixanova para aprender de los errores y del gran despilfarro. Estos 15,5 millones y, por ejemplo, los 40 millones de euros de las indemnizaciones de  la dirección de Novacaixagalicia (solo el ex-directo de Caixa Galicia se llevó 16 millones de euros sin ninguna transparencia en esta decisión) son para abrir el debate y pedir responsabilidades judiciales en el caso de que proceda.

Hay que hacer de esta situación un ejemplo formativo para que  nunca más  se repita el descaro de estos directivos que fueron parte del problema y de una crisis que están sufriendo la mayoría de los ciudadanos.

Como bien decía George Orwell “En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”; así que emprendamos ya la revolución de la transparencia.

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