“Bendita” democracia

Cuando pronunciamos la palabra democracia, pensamos en algo idílico, algo hermoso, e incluso algo imposible de mejorar. En estos días de continua campaña política electoral es recomendable volver al pasado y hacer referencia a la teoría ética de Sócrates acerca de los políticos, de los que nos gobiernan y de nuestra democracia . Democracia significaba gobierno, del pueblo. Y en Atenas esto se tomaba al pie de la letra. La facultad popular de gobierno no se delegaba en unos representantes elegidos ni se confiaba a una burocracia profesional. Era el pueblo el que ejercía el poder y el que gobernaba.

Hoy día la gente está muy descontenta, eso se refleja en la gran cantidad de abstención en las elecciones. Sin ir más lejos recalcar que las elecciones de 2011 prácticamente 9 millones de españoles no fueron a las urnas ,es decir , estamos hablando de un 23% aproximadamente de abstención. Tampoco hace falta ir más allá para ver este descontento o malestar de la ciudadanía, simplemente basta con participar en cualquier debate o tertulia local  para observar  este sentimiento anteriormente descrito.

Abraham Lincoln se refirió a la democracia como “ La democracia del pueblo , por el pueblo, para el pueblo”. Pero desgraciadamente hoy día, nuestros políticos, los que nos gobiernan, no ponen de su parte. Cierto es también, que el pueblo ya  las ha visto de todos los colores. Desde políticos jugando al tetris o descansando los ojos en el Congreso, a fiestas privadas que se van de las manos como las del Señor Laporta o Berlusconi y como no,  los habituales y conocidos casos de corrupción. Sin movernos de sitio, los últimos acontecimientos en Cataluña en plena lucha electoral nos sirven para constatar el desgaste y el descrédito al que se ve sometido la palabra democracia por unos políticos cada día más ineficaces. Mientras muchos de ellos se dedican a hacer propaganda, vídeos o preparan sus discursos basados en incongruencias y demagogia, la vida “mal” sigue.

Y un día cualquiera, como un viernes 9 de Noviembre una mujer de 53 años en Barakaldo decide quitarse la vida al ver como le desahucian su piso. Tras este lamentable suceso el PSOE ha remitido al Congreso una propuesta de ley contra el desahucio, el sobreendeudamiento y la insolvencia familiar. Ahora es muy fácil llevarse las manos a la cabeza y colgarse la medallita pero hay que remarcar que en España a lo largo del 2012 se han producido hasta 400.000 mil desahucios. ¿ Hasta que límite tenemos que llegar, para alterar la consciencia de los políticos para que reaccionen o cumplan con su obligación por defender nuestros intereses y articular las cuestiones de importancia para el ciudadano de a pie ?

En relación con estos hechos viene bien hacer mención a una frase de Kofi Annan sobre la democracia y los derechos humanos. En dicha frase se expresa que “ No existe un solo modelo de democracia, o de los derechos humanos, o de la expresión cultural para todo el mundo. Pero para todo el mundo, tiene que haber democracia, derechos humanos y una libre expresión cultural “ .  En relación a ello y más en concreto al derecho de vivienda nuestra Constitución establece que «Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Y que Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho». Eso dice nuestra Constitución en su artículo 47. Sin embargo en España 500 personas son desahuciadas cada día.

Todo sorprende menos al comprobar que la Ley Hipotecaria, la que regula los procesos de desahucio en nuestro país, data del año 1909. Y que por lo tanto es muy anterior a la historia que nos ha llevado hasta aquí. La España que existía cuando este texto vio la luz no entendía de «burbujas inmobiliarias» y le quedaban infinitamente lejos conceptos como el “boom del ladrillo” y algunos acontecimientos históricos como la Segunda Guerra Mundial. Pero esta ley que es incluso anterior al Franquismo y a la Dictadura de Primo de Rivera se aplica al pie de la letra hoy en día.

Pero de nada sirve criticar y quedarse parado, al fin y al cabo, la culpa es nuestra, de los ciudadanos  y como bien establece Elbert Hubbard  “ La democracia tiene por lo menos un mérito, y es que un miembro del parlamento no puede ser más incompetente que aquellos que le han votado”.

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