Anomia: la epidemia occidental

Emile Durkheim dejó un sabio legado para el campo sociológico, ya que es considerado uno de los padres de la sociología, canalizando dicha ciencia al terreno académico. Fue el primero en tratar la sociedad como el objeto mismo de la ciencia, en vez de antiguos científicos sociales, que hablan de este colectivo independiente de manera colateral. Entre sus obras, la más exitosa a la vez que relevante es sin duda el suicidio, fenómeno considerado tradicionalmente como una elección o elaboración  totalmente individual, cosa que él desmiente demostrando, sintéticamente, que los hombres, los ricos, los solteros y los protestantes tienden más al suicidio que las mujeres, los pobres, los casados y los católicos, dejando claro, tras una metodología lógica, que la elección del suicidio tiene mucho que ver con el grupo social al que pertenezcas. Esta fue una de las muchas aportaciones de Emile Durkheim, pero hecha ya la presentación formal del autor, ahondemos en el tema en cuestión: la Anomia.

El autor hace una distinción entre dos tipos de solidaridad: la mecánica y la orgánica. Estos son los dos tipos de cohesionantes de una sociedad, es decir el tipo de relación interpersonal de una misma sociedad determinará si es un tipo u otro.

La solidaridad mecánica es aquella que se da en sociedades más primitivas, que impliquen menos distancia económica y por lo tanto social. Estructuras sociales menos complejas, que creen homogeneización, donde los nexos interpersonales se dan por el simple reconocimiento entre los individuos. Actualmente, podríamos reconocer este tipo de solidaridad en la conducta de los pueblos, por ejemplo. La solidaridad orgánica se atribuye a las relaciones modernas de ciudad. La estructura social es muy compleja, creando una sociedad heterogénea, donde no existe la forma natural y obvia de las relaciones pero si una concepción de perpetuar con el orden lógico social. Las relaciones son más impersonales debido a una distancia personal entre los sujetos que interactúan, ya que la sociabilización moderna se realiza más por un estímulo externo y mayor que por la voluntad interna del individuo. He ahí que una gran cantidad de las relaciones “cívicas” se basen en conversaciones acerca de conductas normales, o dicho más meticulosamente, ámbitos estereotipados socialmente, como pueden ser el trabajo, la pareja, el deporte, etc.

Os estaréis preguntando, ¿qué relación tiene con dicha epidemia? La Anomia es la falta de todo lo definido hasta ahora. Según el propio creador de este concepto, la Anomia es una condición en la cual la sociedad proporciona una guía moral insuficiente a los individuos. Podríamos decir que es aquella sociedad asocial, ya que los integrantes de la misma no reconocen la representación colectiva, y por consiguiente el no reconocimiento de una gran parte del colectivo que lo sufre. Durkheim ya predijo, que el modelo liberal moderno al que tendían las sociedades, contendría muchas ventajas pero, también advirtió del aumento de probabilidades de acabar siendo anómicos. El liberalismo comprende la propia libertad como la no interferencia del estado, y por lo tanto la mínima regulación conductual en la sociedad, acaba derivando en la irregularidad o desequilibrio económico y social. Como dice Peter Berger en su Introducción a la Sociología, la sociedad nos facilita un proyecto de vida de acorde con la cultura y todo lo que envuelve a la misma, entonces, cuando en la opción de vida que brinda la sociedad no va implícita una moralidad que englobe la concepción de unidad, todos los que se acogen a este proyecto, verán la anomia incluso como una ventaja. Dicha cultura sin reglas sociales, no solo implica una falta de un marco referencial de conducta o no empatizar con el prójimo, sino que tenderá a otro tipo de reglas. Una sociedad azarosa es imposible, por eso la sociología se considera una ciencia social, porque hay una metodología capaz de estudiar algún patrón a seguir. Por lo tanto, si la sociedad misma tiene una falta de pautas sociales, deberá someterse a otro tipo de reglas. Este patrón al que se ha vendido la sociedad, es el “patrón oro”, sin hacer referencia al substituido en los acuerdos de Bretton Woods, pero sí que es un término que contiene las premisas básicas sobre mi referencia: fijar unos valores, en este caso morales, que están encarados hacia la obtención de propiedades, ya sean líquidos o inmuebles. La propia definición se contradice a si misma ya que una moral basada en material tangible, no sé si será considerada una moral, pero es viable si ésta es comprendida como conducta en vez de una ética, por ejemplo.

Ya que hablar del “adhesivo” social, como una carrera materialista, es un tanto confuso y sería extrapolable a muchos ejemplos, ahora prefiero centrarme en el por qué, de la localización de la anomia en Occidente. Esta ética económica ya fue nombrada por el reputado sociólogo Max Webber, y es por allí por donde va a proseguir este pequeño análisis: la religión.

La Religión tiene un papel muy relevante en una cultura, independientemente de que dicha cultura sea considerada como aconfesional o confesionales. La Constitución, la estructura legislativa, la ejecutiva incluso la división territorial, tienen una respuesta que se encuentra en la historia de cada país por lo tanto, refrescando la memoria y echando la vista atrás lo que actualmente se considera España y Europa alrededor del siglo XV, estaba basado en estructuras sociales muy marcadas, encasillando a los individuos con razones metafísicas, que estas estaban dictadas por una Iglesia con mucho poder político y económico. Podríamos decir que fue Martin Lutero con sus 95 tesis, el que comenzó el movimiento protestante, seguido de cerca por el reformista Juan Calvino. Tras muchas guerras que se libraron tanto en el campo de batalla, como en los corazones europeos, la Iglesia Católica iba perdiendo fuerza, y a la vez presencia en las sociedades, ya de la Edad Moderna. España en especial, fue de los territorios donde menos caló el mensaje protestante, y según algunos historiadores, eso hizo rezagarla en los futuros proyectos económicos. Tras años en los que la religión se ocultaba detrás de ideologías, se llega al siglo XXI, con 36 de los 50 países europeos, declarados aconfesionales o en el caso de Inglaterra que reconoce el Anglicanismo, y de forma parcial. El protestantismo deja fuera de juego al catolicismo, y posteriormente el laicismo lo hace con el protestantismo. La cultura occidental deja de tener pautas morales a las que seguir y la necesidad humana de darle un sentido a su vida y localizar un objetivo, hace que se cree su propio andar, despeñándolo al “patrón oro”.

Occidente lleva, y ha llevado desde aproximadamente el siglo XVI, las riendas del mundo, y esto ha comportado, desde los inicios de la globalización, la creación de un sistema mundial al que muchos países no se les ha tenido en cuenta, y estos como por ejemplo Japón durante el siglo XX, o China, que lo sigue haciendo, han tenido que occidentalizarse para hacerse un hueco en la economía global. Esto no solo comporta un determinado sistema de producción o unas industrias potentes, sino una manera de ver, mover, actuar al fin y al cabo, muy semejante a la occidental. Es por eso que dificulta, la centralización única de la anomia en occidente, pero sí que se ve a leguas, donde fue, que el virus tomó forma.

A favor de la cultura oriental, más concretamente Asia, el culto a la religión y a la palabra de su profeta, libro, o escrituras, es determinante. ¿Qué implica? Como he dicho antes no se puede localizar en países específicos la occidentalización, pero sí que en Oriente se tiende más a esta perspectiva de vida en las capitales o zonas donde se acentúa más el trabajo. Pero las zonas menos influenciadas por el trabajo, o los ciudadanos a pie de campo, son los representantes de una solidaridad, como mínimo orgánica. Esto se podría decir, que se debe a la alta determinación que las religiones tienen en la conducta humana en esas regiones, y cómo ésta ayuda a cohesionar una sociedad, ya que formaran parte de un colectivo, ya sea budista, taoísta, etc. El porcentaje de países aconfesionales en Asia ronda la cifra de Europa, por poco es menor, pero ese dato es insignificante a la hora de ver el patrimonio cultural de muchos países de Asia, en el que la mayoría se originaron en la religión. Respecto a Asia también decir,que cada vez más países se quieren subir al carro de Occidente, cosa que podría desembocar en dos opciones de futuro: la primera opción, es que solo sea un proceso por el cual pasan todas las culturas, en el que primero tiendan a lo metafísico, y acaben en lo físico, ya que Asia desde 1500 que se empezó a retrasar en el camino hacia la civilización ideal se podría considerar que sigue en la primera fase. O segunda opción, cada región es diferente y el futuro de Asia es impredecible. Se abre la veda para las especulaciones.

Mis tendencias me apartan de todo esfuerzo lógico, y me dice que la segunda opción es la correcta, pero no olvidemos que las banderas, las regiones, e incluso los continentes son insignificantes ante la capacidad de decisión de uno mismo. Tú no eres tu entorno, pero sí que puedes decidir cómo es, ergo, tú no eres tu país, decide cómo quieres que sea, y la anomia se quedará en una elección de gente con entorno anómico, con objetivos sin reconocer el camino. Recuerda, tú decides.

Carlos Bordas Calvet, estudiante de Primer Curso de Sociología y colaborador del blog Pompeunomics.

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