Aniversario Constitucional

Ayer la Constitución cumplió 34 años. Y lo hizo en un momento en el que el panorama político se encuentra en un momento de máxima tensión. La lucha entre Madrid-Gobierno Central y Barcelona-Generalitat se encuentra en un punto álgido, de máxima tensión.

El derecho constitucional es una rara avis dentro del espectro jurídico. Es la rama menos jurídica, ya que todo se basa en la doctrina asentada por el Tribunal Constitucional, que es altamente volátil. En cualquier discusión jurídica pierde el primero que alega la Constitución como argumento, es un derecho no jurídico.

El Tribunal Constitucional es el encargado de velar por el cumplimiento de la Carta Magna. Su deber es preservar la integridad del texto refundido. Desde siempre, los partidos políticos han ejercido una influencia más que notable en este Tribunal. El problema no es la elección por parte de los políticos, sino la vinculación que existe entre los magistrados y sus electores.

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Existe un concepto, que dista mucho de ser jurídico, para la interpretación de la Constitución: la mutación constitucional. Esto otorga a los intérpretes de la misma, el TC, carta blanca para ajustar prácticamente todo al texto.

El derecho constitucional se guía según unos parámetros que distan mucho de ser estrictamente jurídicos, las influencias políticas y sociales, así como la confluencia de profesionales que en algunos casos no son magistrados, hacen del entramado constitucional una partida muy difícil de jugar.

Un ejemplo, en la Constitución de 1978 se abrieron dos vías de acceso a la Autonomía: la vía histórica y la ordinaria. La histórica se reservó para Cataluña, País Vasco y Galicia. El devenir político propicio que también Andalucía por esta vía, sobrepasando los límites interpuestos por la carta magna. Para constituirse en Autonomía se debía convocar un referéndum y que saliera el Sí en todas las provincias. Almería, en el referéndum andaluz, voto No. Nadie les hizo caso, y se constituyo la Comunidad Autónoma de Andalucía, sin tener en cuenta la Constitución. En el caso de Madrid fue más grave, nunca se convocó referéndum.

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Tampoco se trata de menospreciar a aquellos hombres en blanco y negro, que fumando como descosidos, en despachos con estética de un tanto desvencijada, redactaron, entre calada y calada, el texto constitucional. No soy quién para juzgar a esos hombres, y me parece que es justo expresar mi admiración, ya que su misión no fue fácil. Pienso además, que el resultado no fue malo, sino que se ha ido haciendo malo con el paso de los años. Quizás demasiadas manos sucias se metieron a faenar con laboras que no eran las suyas.

No sé yo si hay que cambiarla, quizás sí. O quizás solo hay que esperar que mute, como ha ido haciendo estos años…

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