Amancio Ortega siempre contracorriente

En enero de 2011 Amancio Ortega anunciaba a sus trabajadores a través de una carta que abandona la presidencia del grupo Inditex. A sus 75 años, muchos podrían suponer que era el momento de descansar y disfrutar de la inimaginable y admirable estabilidad económica de ser el cuarto hombre más rico del mundo. Sin embargo, para una persona con la ambición suficiente de empezar con una simple tienda en  A Coruña y llegar a convertirla en un imperio, simplemente era el momento de darle paso a otra etapa a su vida: la de agente inmobiliario.

En aquel momento, España  tenía unas perspectivas muy negativas respecto al mercado inmobiliario. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria (la cual había dado tantas alegrías durante los años de bonanza) en el 2011 aún continuaba haciendo estragos a una economía que durante años había tenido como principal sustento el ladrillo. El hecho que más perjudicó y dio lugar al fin de la era de oro del ladrillo fue encararse contra el descomunal y conocido aumento del desempleo. En el 2011 se entraba en una etapa denominada de “economía de prudencia”, donde los ciudadanos se piensan mucho más las cosas antes de decidirse por grandes inversiones inmobiliarias, desde una casa hasta una oficina.

Sin embargo, caminando una vez más contracorriente, Amancio  Ortega aprovechó su aún latente potencial en los negocios para centrarse en su proyecto inmobiliario – Pontegadea – 10 años después de su constitución. Mientras la mayoría de constructoras en el 2013 aún estaban luchando por mantenerse en el mercado, la inversión de Amancio Ortega  en el ladrillo alcanzaba rentabilidades con un crecimiento del 32% convirtiéndolo en uno de los principales imperios; otra vez en la historia pero en otro sector.

Mediante la adquisición de rentas de alquiler ya existentes, la actividad de Pontegadea se basa en la compra de edificios en la península Ibérica y en el mercado  internacional para su posterior alquiler. Los edificios de oficinas, los hoteles y los locales comerciales  tienen como característica común que están ubicados en las zonas más valiosas de las ciudades. Entre dichos inmuebles encontramos oficinas emblemáticas como la Torre Picasso de Madrid o fieles arrendatarios de la talla de Apple en emplazamientos como Barcelona, Valencia y París. Sin embargo, en su mayoría los edificios están ocupados por tiendas de Zara, a pesar de que Pontegadea e Inditex operen de forma totalmente independiente.

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